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martes, 17 de octubre de 2017

Las Catedrales del odio: Manipulación semiótica y reduccionismo como ecos del colapso (de España)

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1. INTRODUCCIÓN

No hacen acto de presencia de forma materialmente evidente. No imponen su majestuosidad como lo hacen las de verdad, aunque tienen un poder seductor mucho más feroz, una carga simbólica aplastante y, no nos dejemos lo más importante, son un instrumento de manipulación de las masas fenomenal y de sofisticación creciente. Son las catedrales del odio, los cultos alrededor de ideas reduccionistas muy peligrosas que emergen históricamente en todo su esplendor en los momentos de profunda crisis y que suelen proyectarse sobre determinadas figuras políticas.

Se ha hablado largo y tendido sobre la cuestión de la independencia de Cataluña y el futuro así que no considero necesario seguir focalizando la atención sobre este debate aunque lo usaré como pretexto para discutir una tecnología muy muy potente, quizás la más potente que existe, la propaganda en sus distintas modalidades, los orígenes de ésta en la sociedad de masas y como a partir del reduccionismo semiótico estamos repitiendo muchos de los errores históricos que nos han llevado a verdaderos desastres.

Comencemos por el principio, lo cual nos lleva a ofrecer un brevísimo apunte sobre el estudio sistemático de los signos y como son usados para relacionarse con ese mundo incierto de ahí afuera de cuñados y postverdades para crear los distintos filtros que nos ayudan a codificar (formalizando en modelos) decodificar (comprobando como esos modelos para adaptarse y revisar los supuestos de esos mapas) la realidad y darle un sentido. Toca hablar de semiótica y de una de sus modalidades más importantes, la lingüística. 

2. AXIOMAS Y VISIÓN PRE-ANALÍTICA

Si bien el estudio sistemático de la sociedad, así como las ciencias naturales han sido cuestiones centrales en la modernidad, no ha sido hasta este siglo XX y especialmente ante 1) el desarrollo de la semiótica y la lingüística con los trabajos pioneros de Saussure y Peirce, 2) el giro lingüístico de algunas ciencias sociales en que la problemática sobre la representación semiótica y su asociado significado cobra importancia. A nivel filosófico este segundo punto se suele asociar con el postmodernismo, que definido en términos de su pionero Lyotard es “la incredulidad con las metanarrativas”, es decir con los axiomas de ciertos complejos semióticos para guiar la acción humana en una pluralidad de modelos no equivalentes y es que como decía Box “todos los modelos son erróneos, pero algunos son útiles”.

Este giro es a mi juicio muy de celebrar puesto que contribuye a “de-construir” (del inglés deconstruct) principios que se asumían como axiomáticos sin necesidad de demostración (ver apartado 4) y que al final tiene un impacto en el discurso y prácticas sociales como demuestran por ejemplo los hechos del mayo del 68 y el movimiento “Back-to-the-land” en EEUU (que han influido mucho en sectores de la izquierda neoliberal demócrata americana que ahora agoniza). Sin embargo, hay que ir con mucho cuidado pues la idea de que “todo vale” es también extremadamente peligrosa. ¿Debemos aceptar una representación del sistema económico desvinculado de las restricciones que las leyes de la termodinámica o de la gravedad imponen en las actividades humanas? ¿Debemos aceptar y poner al mismo nivel las distintas visiones en una discusión política como propone la Ciencia de la Sostenibilidad actualmente? ¿Se puede tolerar que los cínicos y rencorosos abanderados de la democracia española y catalana no hayan permitido en sus medios de comunicación que haya un verdadero debate público y democrático donde se puedan discutir axiomas (del sistema educativo, energético, ecológico, sanitario…) con todas las partes relevantes representadas? -. No querido lector, vivimos en una sociedad que se pudre a marchas exponenciales y… ¡Menos mal!

Bienvenido pues al maravilloso mundo de los axiomas y su codificación semiótica como restricciones que enmarcan los aspectos normativos y descriptivos que forman las diferentes “guías” para entender el mundo y sus modelos. Espero que después de este apartado quede más claro a que me refiero con estos términos, pero para ello hay que empezar con una breve definición y un poquito de historia…

La semiótica estudia todo aquello relacionado con los signos, lo cual incluye palabras, imágenes, sonidos, gestos y objetos como parte de sistemas integrados de dichos signos. Es el estudio de cómo se genera el significado y como se representa la realidad. Generalmente se consideran a Ferdinand de Saussure y a Charles Sanders Pierce como a los dos grandes iniciadores de la disciplina. Saussure se asocia más con la idea de semiología y dentro de esta la lingüística. El propio Saussure lo define de esta manera:
Es… posible concebir una ciencia que estudia el rol que tienen los signos como parte de la vida social. Formaría parte de la psicología social, y por tanto de la psicología en general. Llamaremos a esta disciplina semiología (del griego semeîon, “signo). Investigaría la naturaleza de los signos y las leyes que los rigen […]. Las reglas que la semiología descubra se aplicarían a la lingüística, y la lingüística tendría un papel claramente definido dentro del conocimiento humano (Saussure en Chandler, 2007, pp. 3).

Por otro lado, el trabajo del americano Pierce tomó una perspectiva más analítica y formal típica del mundo anglosajón y definiría a la semiótica de la siguiente manera:
“La lógica, en su sentido general, es… solamente otro nombre para la semiótica (sémeiötiké), la casi-necesaria o formal doctrina de los signos. Descubriendo a la doctrina como casi-necesaria o formal, me refiero a que observamos los caracteres de dichos signos como los conocemos y… Por medio de un proceso al cual no pondré objeciones en llamar abstracción, nos lleva a afirmaciones, eminente falibles, y por tanto no necesarias, a los que deben ser todos los signos utilizados por la “intelligentsia científica”, es decir, por una inteligencia capaz de aprender de la experiencia” (Peirce 1931 en Chandler, 2007, pp. 3)”.

El problema de esta definición está en lo “eminentemente falible”. Aquí es donde Peirce supone algo que el físico Brown de la universidad de Duke denuncia magistralmente en su todavía incompleta obra Axiomas. Algunos axiomas fundamentales (llamémosles meta-axiomas) no son falsables. En algunos casos la incertidumbre o la propia ignorancia no lo permiten. ¿Cómo falsar los efectos del cambio climático que tendrá en el futuro a distintas escalas espacio-temporales ante la incertidumbre e ignorancia asociada a la predicción de un sistema extremadamente no-lineal y que no entendemos por completo (lo cual no significa que no nos deba preocupar sino todo lo contrario si aplicamos el principio de precaución)?  En otras ocasiones los axiomas están diseñados para que no sean falsables. Alguien que crea que no existe el libre albedrío porque estamos controlados por un ser superior no es posible de refutar. Cualquier intento de intentar falsificar eso podría ser respondido con un “te lo ha hecho creer el diseñador”. Es posible que dicha persona no pueda probarlo, pero al no poderse falsificar queda la duda y por tanto la posibilidad de que el axioma sea cierto. Al menos hasta que no se pueda falsificar lo que implicaría que el diseñador bajar y nos digiera que efectivamente estamos controlados en todo momento y que cualquier intento de rebelión será reprimido. No conozco personalmente al diseñador si es que existe, pero mantengo la posibilidad abierta de la duda, aunque me parece poco creíble y un tanto maquiavélica (cosas de mi optimismo naturalista, que le vamos a hacer…).

La cuestión de los axiomas es fundamental pues va a definir como representamos la realidad, especialmente en los asuntos más espinosos que tratamos en este blog en relación a la sostenibilidad. La teoría de la jerarquía (hierachy theory en inglés) es la disciplina que estudia el aspecto epistemológico de los sistemas complejo y que afirma que “es imposible representar un objeto complejo en términos sencillos sin perder información relevante” (Giampietro, Mayumi, & Sorman, 2012, pp. 63). Cuando representamos un fenómeno u objeto complejo necesitamos usar “narrativas, dimensiones y escalas no equivalentes” dado que “describir los asuntos sobre sostenibilidad en términos científicos require comprimir una cantidad infinita de información en un espacio informativo finito”. Esto significa que la complejidad, lejos de ser entendida como lo hacen por ejemplo en uno de los centros pioneros mundiales (El Instituto de Santa Fe de la Universidad de California) como una propiedad inherente de los sistemas humanos y naturales (con propiedad que los hacen poco predecibles dado su carácter no-lineal, emergente, multi-escala…) es una posición epistemológica que se deriva de la necesidad de dar una respuesta adaptativa funcional en las respectivas tareas del día a día.

Esta idea de complejidad nos lleva a un dilema que es el que a un servidor le ha hecho posponer ya dos veces la tesis de máster, la tensión dialéctica entre reduccionismo y holismo analítico. Si bien el coste computacional-analítico de tener modelos integrados es enorme (y su incertidumbre y cantidad de supuestos aumenta cuanto más complejo es el modelo) existe la necesidad de no acabar con el que voy a apodar como el “síndrome del sacerdote neoclásico”, es decir el extremo reduccionismo que resulta de formalizar cuantitativamente unos axiomas embedidos en una semiótica lingüística metafísica (en el sentido peyorativo del término) en la que se axiomatiza a la economía como algo que debe centrarse únicamente en variables monetarias cuantitativas y generalmente en las dinámicas de la oferta, demanda y otras variables como el desempleo, la inflación o los tipos de cambio. Así pues ¿Cómo podemos evitar que determinados credos con agendas políticas perversas se apoderen del discurso y por tanto del marco de actuación social de los diferentes agentes? Les presento a Robert Rosen y su Teoría de modelación relacional (Modelling relation theory en inglés).

3. LA TEORÍA DE MODELADO RELACIONAL DE ROSEN, CIBERNÉTICA Y AXIOMAS PRE-ANALÍTICOS

Mi tesis de máster consiste en analizar la narrativa de la Ciencia de la Sostenibilidad desde sus inicios como disciplina en 2001 con el artículo Sustainability Science liderado por dos académicos de Harvard, Robert W. Kates y William C. Clark hasta hoy en día desde el punto de vista de la semiótica realizando un análisis tanto de los axiomas de la disciplina como de su consistencia interna (para ver si las “promesas” que se establecieron axiomáticamente en éste y otros artículos principales se ha cumplido)

El principio de complejidad espistemológica que he introducido anteriormente al definir los sistemas socioecológicos como sistemas complejos, cuya representación no es reducible a una narrativa unidimensional (económica, ecológica, antropológica…) se refiere a una situación en la que “tiene lugar cada vez que los intereses del observador (el objetivo del mapeado) afectan lo que el observador ve (la formalización del problema científico y su modelo resultante”. A partir de un paso pre-analítico el observador representa una serie de atributos (o qualidades) del sistema de interés a analizar, generalmente en forma de conceptos definidos formalmente (masa y presión para un físico, tasa de reproducción para un demógrafo, precios y empleo para un economista, entre otros). Este paso afectará la representación (sea cuantitativa como en el modelo MuSIASEM de análisis integrado del metabolismo social o cualitativa como por ejemplo pasa con los Diagramas de causalidad circular (CLDs en inglés) que se usan en Ciencias de la Sostenibilidad para estructurar problemas).



Figura 1. Rosen’s modelling relation. Fuente: Kovacic (2015).

En este paso pre-analítico se articular toda una realidad semántica en relación al objetivo que tiene el análisis en sí. El principio de variedad requerida (principle of requisite variety en inglés) exige que la representación en un sistema cibernético sea tal que sea capaz de adoptar una serie de atributos (parámetros) que den una respuesta ante una perturbación para dar una respuesta útil conforme a los objetivos del sistema como es el caso de un aire acondicionado que se auto-regula en función de la temperatura interna de un piso.

Los matemáticos Gödel y Tarski han demostrado que los intentos de formalizar un sistema sin referencia semántica (que no son más que axiomas en relación a creencias y valores humanos) han fracasado. El formalismo matemático o de otro tipo no es suficiente para la representación de un sistema (Giampietro, Mayumi, & Sorman, 2011, pp. 67).

Volviendo a Peirce, el académico americano introdujo en 1935 el concepto de relación semiótica triádica como “el proceso en que las representaciones útiles son continuamente seleccionadas y validadas a partir de un proceso de interacción con el mundo externo”. La representación semiótica se basa en tres pasos (Giampietro, Mayumi, & Sorman, 2011, pp. 67-68):

-          - Transducción semántica: se trata de codificar la información asociada con los signos escogidos (palabras, iconos, slogans…) en relación a un sistema semiótico específico (lingüístico, musical, visual…).

-          - Representación sintáctica: se trata de formalizar las relaciones entre símboles a partir de una serie de axiomas del sistema en cuestión (por ejemplo, el propio modelo de Rosen asume que la causalidad existe, que podemos observar la realidad y otros muchos axiomas implícitos).

-          - Aplicación pragmática: es el paso de actuar y tomar partido interactuando con la realidad

En este proceso los sistemas socioecológicos tratan de incrementar sus probabilidades de supervivencia fragmentando la realidad en partes más pequeñas para las que se desarrolla un sistema de conocimiento específico. Un pianista lo hace formándose durante años en una academia donde debe pasar desde una interpretación romántica con una semiótica más abierta hasta el formalismo más restringido de un clasicista como Mozart. Un perro se guiará por su olfato y su agudo sistema auditivo para la toma de decisiones. Vemos pues con estos dos ejemplos triviales la aplicación del concepto de filtro epistemológico que he definido con anterioridad.

Este paso pre-analítico en las elecciones normativas está en el centro de la relación de modelado de Robert Rosen. Una vez tomado el paso pre-analítico (relacionado con la percepción) en el que se definen un conjunto de supuestos básicos (axiomas) para "los que el observador espera observar", se lleva a cabo el proceso de codificación de atributos relevantes (cualidades) del sistema observado. El tercer paso denominado inferencia consiste en una "formalización de las relaciones causales idealizadas atribuidas al sistema observado en la fase pre-analítica" del sistema observado. Finalmente, el cuarto paso de "decodificación prueba la coherencia entre la percepción de causalidad sobre los cambios de estados del sistema observado y los resultados del modelo anticipatorio proporcionado por el sistema formal" (Kovacic, 2015, pp. 38). Si las predicciones (fase pre-analítica) son consistentes con el modelo formal creado por el observador (codificación-inferencia-decodificación), se dice que la representación alcanza el "cierre semántico" o semantic closure en inglés (Diaz-Maurin & Kovacic, 2015; pp. 211).

La relación de modelado de Rosen (ver figura 3) se aplicó recientemente al controvertido caso de la energía nuclear y su pluralidad de narrativas. Los principales hallazgos revelaron que hay una falta de cierre semántico, es decir, que existe una incoherencia entre el paso pre-analítico y los pasos de codificación-formalización-decodificación o entre las expectativas y la percepción y la experiencia empírica en que "la representación de las centrales nucleares se basa en la creencia de que, por ejemplo, la electricidad producida con centrales nucleares es “demasiado barata para medir” (el too cheap to meter inglés), que las centrales nucleares pueden ser más seguras en respuesta a accidentes "mientras que la experiencia muestra que" la construcción y el funcionamiento de las centrales nucleares tienen considerables costos y que la gran escala y el largo tiempo requerido para construirlas hacen que las plantas existentes no respondan a los nuevos requisitos de seguridad y conduzcan a una situación de bloqueo tecnológico (o lock-in en inglés) "(Diaz-Maurin & Kovacic, 2015, pp. 211). Por lo tanto, no se llega a un cierre semántico entre la percepción esperada y la evidencia empírica, como muestra el artículo de manera que se pervierte el proceso semiótico al servicio de las narrativas de ciertos lobbies poderosos.



Figura 2. La existencia de percepciones y representaciones no equivalentes del mismo sistema de observación. Fuente: Kovacic (2015, pp. 39).

Una vez definido muy brevemente el modelo de Rosen veamos cómo nos puede ayudar en dos ejemplos a entender que es lo que está pasando con la cuestión de la “independencia” y la propia disciplina de la Ciencia de la Sostenibilidad y como a través de una manipulación (consciente o inconsciente, lo dejo a elección del lector) Semiótica del lenguaje nos lleva a la ruina en cuanto a la propuesta de soluciones que excluyan la extinción humana en este siglo, a la que parece que vamos de cabeza por pura inercia ahora mismo.

4. EL CASO DE LA CIENCIA DE LA SOSTENIBILIDAD Y LA INDEPENDENCIA DE CATALUÑA

En la siguiente tabla se muestra una operacionalización de la MDR de Rosen y como lo aplico en mi tesis de máster.


Description
Aplicación metodológica
PERCEPCIÓN

La observación empírica preanalítica del narrador en la que se establecen un conjunto de supuestos básicos (axiomas) en relación con el propósito del análisis incrustado en un sistema semiótico (lenguaje académico escrito en este caso con su sintaxis, pragmática y semántica asociadas).

Los axiomas del núcleo se identifican mediante un análisis de Kates et. Al (2001) documento fundacional en relación con el concepto de Desarrollo Sostenible, algunas de sus referencias, algunos artículos seleccionados que conducen a este documento fundamental y un conjunto de artículos clave de la disciplina de 2001 a octubre de 2017.

CODIFICACIÓN

Representación semántica y definición de cualidades / atributos clave del sistema observado que se formalizará en el paso 3 incrustado en un sistema morfosintáctico (palabras clave o frases clave).

Las categorías semánticas clave que definen el proceso analítico formal de la Ciencia de la Sostenibilidad se identifican mediante un análisis semántico multinivel de Kates et. Al (2011) documento fundacional y otros artículos clave de la disciplina.

INFERENCIA

Formalización de los atributos / cualidades clave en el conjunto 2 mediante representaciones cualitativas o cuantitativas en modelos, marcos, enfoques y otros medios formales de aprehensión de la realidad en la Ciencia de la Sostenibilidad.



Análisis de documentos relevantes clave muy citados en los que se presenta una formalización de una o más de las categorías semánticas clave en el paso 2.
DECODIFICACIÓN

Verifique la consistencia de las observaciones empíricas y las predicciones anticipadas en la representación formal y la revisión de la percepción pre-analítica de la Ciencia de la Sostenibilidad.


Resumen de los trabajos de investigación 2001-2017 que cubren el proceso de monitoreo y reporte de la Ciencia de la Sostenibilidad y sus hallazgos + Revisión de documentos de investigación identificados que discuten las instituciones y la infraestructura.


Tabla 1. Operacionalización de la teoría de modelado relacional de Rosen. Elaboración propia.

Los resultados preliminares que tengo después de analizar algunos de los artículos y documentos más importantes que han caracterizado la narrativa de la ciencia de la Sostenibilidad desde sus inicios apuntan a que hay serios problemas en cada uno de los 4 pasos. Por lo que se refiere al paso pre-analítico estoy observando cómo se selección la narrativa del “Desarrollo Sostenible” como axioma normativo de forma jerárquica (no hubo un proceso de participación donde distintas partes pudieran ofrecer un control de calidad semántico sobre esa narrativa) por un puñado de investigadores (Robert W. Kates y William C. Clark principalmente). Así pues, eso entra en contradicción con otro de los axiomas que la propia disciplina se auto-impone, la de entender las interacciones entre la naturaleza y la sociedad ya que dado que se asumo el discurso del Desarrollo Sostenible pro-crecentista hay una falta de discusión total en las cuestiones de las restricciones de tipo source (es decir los límites a la extracción de materiales y energía limitados a su vez por la termodinámica y las característica geológicas y geográficas terrestres). Es por eso que todo el debate sobre la cuestión de límites termodinámicos no ha sido nunca debatido de forma adecuada en jornales académicos como Sustainability Science o la sección de sostenibilidad del PNAS (Procedures of the National Academy of Sciences) de los EEUU.

Esta sesgada visión pre-analítica hace que la codificación semántica de los atributos sea incompleta (se obvia hablar de ciertos temas y se enfatizan otros) los cuales tienen que ver también con la formación de los científicos líderes de la disciplina, contribuyendo a un reduccionismo semiótico muy peligroso. De este modo en el paso a la formalización no se consiguen algunos de los objetivos que se marca la propia disciplina como son los de ofrecer un buen análisis descriptivo de las interacciones naturaleza-hombre que he mencionado antes o que no se cumpla el deseo de ser una disciplina realmente transdisciplinar pues no se incluyen muchos aspectos y disciplinas (como es la propia semiótica y lingüística y como esta puede contribuir a mejorar la calidad de la narrativa). Finalmente, tampoco se ha generado un marco en el que hacer un análisis sistemático de la disciplina. 16 años después de su inicio no hay ningún artículo ni tesis que haya analizado en profundidad si las preguntas que planteaba la disciplina se han cumplido (ver abajo).

What are some of the assumptions for the framing of the core questions?
What has been the contribution of SS in constructing integrated models and conceptualizations that help understand human-nature interactions in relation to the Earth System, Development and Sustainability?
What has been the contribution of SS in identifying discussing and managing long-term trends in relation to sustainability?
What has been the contribution of SS in relation to the vulnerability and resilience of nature-society systems for ecosystems and human likelihoods?
What has been the contribution of SS in relation to the identification and response to "limits" or "boundaries"?
What has been the contribution of SS in suggesting incentive structures guiding effective sustainability trajectories?
What has been the contribution of SS in suggesting integrated monitoring and reporting systems for guiding for sustainability?
What has been the contribution of SS in integrating research tasks for fostering adaptive capacity and societal learning?

Tabla 2. Preguntas de la Ciencia de la Sostenibillidad

Estos días hemos podido observar algo parecido en los discursos sobre la propia independencia de Cataluña. Por un lado, tenemos un rey que ha apelado a la “unidad de España” (axiomas, hola de nuevo) y por otro lado a un president que en su discurso de no-proclamación de la independencia hizo una referencia al déficit fiscal, pero ninguna por ejemplo a la cuestión de que sistema monetario quedaría hipotéticamente o del superávit comercial y como éste quedaría. No ha existido ningún debate público en ninguna televisión pública debatiendo sobre qué modelo energético, sanitario, educativo… deberíamos tener en esa república catalana y se ha llevado todo a un terreno simbólico de banderas y abstracciones históricas utilizando numerosas artimañas manipulativas como las que comenta Dmitry Orlov en un reciente artículo. Estamos pues ante un reduccionismo semiótico que históricamente ha acabado muy mal, en conflicto y con muchos damnificados en el mundo tanto natural como social. 

5. EL BAILE DE LOS META-AXIOMAS

Ha habido numerosos filósofos que han intentado discutir sobre la cuestión de los axiomas y la gran mayoría han fracasado. Quizás los casos más claros son los de René Descartes y Edmund Husserl. El primero axiomatizó a través del lenguaje una serie de principios que legitimaban un cambio de los axiomas del sistema social del siglo XVII en plena “revolución científico-capitalista” sin destruirlos por completo. No se podía poder dudar de que él dudaba (aunque en ningún momento se demuestra eso) y eso era atribuible a un dios. Ese dios garantiza un optimismo científico como salvador de la humanidad (de la cual se tiene una visión pesimista y condicionada por pecados originales) materializado a través de las matemáticas de forma reduccionista. Se sigue con la misma idea del cristianismo, pero con distintos curas (primero físicos y matemáticos y algún filósofo burgués o marxista, hoy economistas neoclásicos). Laplace acabaría ofreciendo la versión más radical de los atisbos que tuvo Descartes cuando afirmó:

"Podemos considerar el estado actual del universo como el efecto de su pasado y la causa de su futuro. Un intelecto que en un momento determinado conociese todas las fuerzas que ponen la naturaleza en movimiento, y todas las posiciones de todos los elementos de los que está compuesta la naturaleza; si este intelecto fuera lo suficientemente vasto como para someter estos datos al análisis, se abarcaría en una única fórmula los movimientos de los cuerpos más grandes del universo y los del átomos más pequeño; para tal intelecto nada sería incierto y tanto el futuro como el pasado estarían presentes ante sus ojos 

En realidad, lo que buscaban los optimistas racionalistas no es más que intentar demostrar que no había que demostrar que la razón y sus axiomas no deben ponerse en duda y de que operan con independencia de lo empírico y que son por tanto desvinculables de una visión pre-analítica en el marco descriptivo-normativo. Han fracasado estrepitosamente como la propia ciencia (ese mismo instrumento que entronaban) les ha dado unas cuantas bofetadas. Un claro ejemplo nos lo de la física cuando las leyes de la mecánica clásica newtoniana no funcionan a escalas más pequeñas (el mundo cuántico) o más grandes (el mundo relativista).

Por tanto como denuncia Brown se consiguen camuflar axiomas como por ejemplo en el hecho de que hay ciertos principios que son tan evidentes que no necesitan demostración. Un claro ejemplo práctico es el fantástico artículo de Yanis Varoufakis en el que se denuncia el proceso por el cual los economistas no abandonan tres de sus axiomas fundamentales con una pirueta intelectual nada desdeñable para protegerse de los herejes que no pensamos como ellos.

6. CONCLUSIÓN

A día de hoy no tenemos una ciencia basada en una sólida discusión de su Semiótica y de los axiomas asociados a los procesos de significación semántica, formalización semántica y aplicación pragmática. Vamos muy tarde y es lamentable el trabajo que se ha hecho desde las universidades a todos los niveles excepto algunas contadas excepciones de las que tenemos la suerte de contar en España (grupo de Energía, Economía y Dinámica de Sistemas en Valladolid; los proyectos MEDEAS en el CSIC Y MAGIC en la UAB). Esta debería ser a mi juicio la tarea de un grupo específico de científicos-activistas. Los que se dedican a tratar temas de filosofía de la ciencia (autores como Jerome Ravetz, Andrea Saltelli o Silvio Funtzow-izc), los que nos dedicamos a la ciencia de la sostenibilidad (tal y como la he definido yo y no como la decidió, a la vista de mis observaciones preliminares, la intelligentsia de Harvard), aquellos que estudien la Semiótica en sus distintas ramas y finalmente aquellos que están intentando crear una ciencia integradora del cambio cultural (Joe Brewer y otros). Es a partir de estas tareas todavía por hacer en las que podremos reformar el proceso científico para que este se de mayor calidad y honestidad a la hora de la toma de decisiones.

Esto está provocando que no se pongan encima de la mesa debates públicos muy urgentes como estamos viendo con todo el caso de la independencia de Cataluña y que sin duda alguna se atisbe un colapso descontrolado del estado español en pocos meses o años. Estamos a mi juicio en una situación similar al del final de la segunda república (aunque evidentemente en un contexto socio-ecológico y un orden geopolítico y económico mundial muy distintos). Así que...

¡Larga vida a la discusión de los axiomas! O como lo pone Brown de forma más poética:

So choose your axioms wisely my friend, examine them often for leaks.
Bail them out like a foundering float, burn the boat if it creaks.
Challenge the cherished old words, my friend, challenge the new ones too.
Avoid all beliefs that lead you to grief, and keep all the best ones for you.

Escoge tus axiomas de forma sabia mi amigo, examínalos en busca de fallos.
Socórrelas como a un flotador en lucha,  quema el barco si pasa apuros.
Desafía a las antiguas vanagloriadas palabras , amigo mío, y desafía las nuevas también.
Evita todas las creencias que te han llevado al duelo, y mantén las mejores para ti.



lunes, 9 de octubre de 2017

Recuperar nuestro país

Cuando el voto no sirve absolutamente para nada, o se vive en el exilio interior, o se vota con los pies, marchándose a otro lugar. Los catalanes están intentando hacer esto último de forma colectiva.


Mientras escribo esto, el 5 de octubre de 2017, en Madrid, a mí alrededor veo florecer un frenesí identitario bastante bobo. En el sector de al lado, a dos metros de la puerta de acceso a mi puesto de trabajo, alguien ha colocado una enorme bandera española, que lógicamente he solicitado al responsable del edificio que sea retirada, al considerar que simboliza un apoyo a las actuaciones del gobierno que en este lugar no es ni mucho menos unánime. En un trabajo donde se debe forzosamente colaborar no es cuestión de hacer alarde de símbolos que puedan llevar a confrontación (me ha contestado que elevará hacia arriba la solicitud, dado que excede de sus competencias, y que el grupo empresarial debería tener una postura sobre esta cuestión para todas sus oficinas).

Me llama poderosamente la atención esta inflación emocional que contrasta de forma muy llamativa con el escaso sentido crítico hacia el sistema político español, definido en la Constitución del 78 y algunas otras normas fundamentales. Hace poco menos de cuarenta años unos cuantos franquistas se reunieron en secreto a redactar una constitución, que luego se ofreció al pueblo como única alternativa a una dictadura. Trascurridas esas cuatro décadas nos encontramos con la corrupción desbordando por todos los rincones del país, con un enorme agujero financiero en el sistema de cajas de ahorro quebradas y con el país al borde del conflicto civil o la secesión por haber sido imposible plantear un referéndum en Cataluña dentro del marco de esa constitución. Referéndum que, hace unos meses, se habría ganado fácilmente.

Así pues, esto supone un gran misterio, como hay personas que siguen apoyando (revistiéndolo con símbolos “neutrales” como la bandera del régimen)  un gobierno que por no perder sus privilegios está jugando con el pan y la salud de todos nosotros, llevándonos por un camino en el que pueden ocurrir cosas gravísimas para nuestra economía y la integridad de las personas.

La respuesta es múltiple y sólo puedo aventurar algunas hipótesis, añadid la vuestra. En primer lugar, la capacidad de unos partidos políticos que lo controlan todo para establecer el marco del debate, desvinculando por completo la convivencia pacífica de las normas que deben regularla, o la quiebra de las cajas de las atribuciones concedidas a los políticos, o la corrupción con el hecho de que el sistema preselecciona sólo políticos corruptos y mediocres, que luego ofrece a la ciudadanía para que ellos vivan la fantasía de una libre elección entre el corrupto A y el corrupto B.



Los partidos crean el marco del debate, y eligen el que a ellos les conviene, la sociedad civil no tiene capacidad, ni madurez (y ambas cosas se retroalimentan) para introducir otro marco. Así se atribuye la corrupción a causas culturales (los españoles somos así), aunque en la ingeniería, negocios, deportes, arte, y tantas y tantas cosas seamos ejemplares, cultos, preparados y trabajadores.

Esta primera causa es sin duda autóctona, pero crece sobre un terreno abonado por la sociedad global en la que vivimos. Vivimos en sociedades con un déficit político crónico, y no sólo político, democrático. Cómo dice mi amigo Carles Sirera el Reino de España se fundó sobre la excepcionalidad moral, y en este país aquellos que buscan reparación y justicia para las víctimas (del franquismo) están movidos por el odio. En realidad el caso español se trata de la millonésima vez que se repite este argumento en nuestro mundo liderado por la ideología ilustrada (y sus ramas liberal y marxista). En nuestra sociedad el despotismo ilustrado y sus variantes dulcificadas tienen mucha aceptación. Esto ya lo mostró Voltaire en el siglo XVIII, cuando dijo sobre el autócrata y belicista Pedro el Grande:

Admito que era un bárbaro; pero con todo, era un bárbaro que había hecho el bien a los hombres; fundó ciudades, construyó canales.

En definitiva se trata de que los trenes lleguen a su hora. Y en España los trenes llegaban a su hora, y llegaba el iPhone, y los coches de alta gama, aunque el sueño de la prosperidad fuese más bien la pesadilla de una burbuja inmobiliaria que todavía no ha terminado de caer sobre nosotros. A veces la ética, la moral, el juego limpio, importan más que la riqueza fácil, porque son más sólidos.

Por último, señalaré una tercera razón, la globalización, el auge del neoliberalismo. Lo expresó así el gran Pierre Bordieu

En nombre de este programa científico de conocimiento, convertido en programa político de acción, se cumple un inmenso trabajo político (denegado, porque en apariencia es puramente negativo), que busca crear las condiciones de realización y de funcionamiento de la “teoría”: un programa de destrucción sistemática de los colectivos.

Cuando existían colectivos, sindicatos, asociaciones de vecinos y movimientos de todo tipo, la política era algo más cotidiano. Hoy eso ya no existe, comenzó a desmontarse en los años ochenta, y la política es cuestión de elegir, como consumidores que somos, y las opciones a elegir son el mediocre corrupto A o el mediocre corrupto B, y con la ceremonia de esa elección queda salvaguardada la narrativa de una democracia.

Los liberales son muy agudos en ocasiones, y no es la primera vez que cito a Milton Friedman, aunque esta vez esté en desacuerdo con él:

Si alguna vez quieren saber cómo votan las personas el signo más seguro es cómo votan con los pies

Yo diría que el signo de que una democracia no es funcional y que por lo tanto el voto no vale para nada es cuando la gente vota con los pies, y en este país mucha gente ha votado con los pies en los últimos años, y ahora los catalanes quieren votar al unísono con los pies.

Claro que su postura es egoísta, como la de todos los nacionalistas, incluidos los españoles, pero ello no debería implicar que no estén a gusto dentro del estado español. Se puede ser egoísta y permanecer en una comunidad de vecinos ¿verdad?

El problema del nacionalismo es un problema estrictamente moderno, nace con la modernidad como consecuencia de la revolución industrial y de unificar el mercado creando una “economía nacional”, así nos lo cuenta el historiador Eric Hobsbawm en Naciones y nacionalismo desde 1780 (aquí podéis leerlo íntegro) o Karl Polanyi en el capítulo V de La gran transformación (aquí podéis leer el libro íntegro) titulado La evolución del patrón de mercado.

En aquella época (recordemos que anteriormente los Estados no eran más que los territorios regidos por un monarca) fue necesario un proceso de homogeneización, para crear un mercado único nacional. Ello implicó crear una lengua oficial, y unificar leyes, que anteriormente eran muy locales (por ejemplo todo lo relativo al trabajo estaba regido por gremios). Todo ello fue una ruptura, y lo que antes estuvo regido por la tradición o la religión, hubo que “modernizarlo” y hacer que estuviese regido por la razón.

Lo que estaba en juego, de manera muy especial, era que la población se identificase con su gobierno y pudiese ser movilizada por este. Las razones que en la práctica funcionaron para fundar una nación fueron, según Hobsbawm, en un primer momento, la asociación histórica con un estado, la existencia de una antigua élite cultural y la probada capacidad de conquista. Algunas décadas después todo esto se definió de forma un poco más precisa como compartir la lengua nacional, la etnicidad, la religión y la “conciencia de pertenecer o haber pertenecido a una entidad política duradera” (nación histórica).

La nación funcionó como concepto no porque lo dijera el denostado Fitche, que no fue más que un simple registrador de lo que estaba pasando. Funcionó porque cubre una necesidad humana, la pertenencia, el grupo, la comunidad. Crear un mercado nacional implicó la creación de numerosas instituciones públicas, y el estado comenzó a funcionar como centro de redistribución de riqueza. Ello implica que cuanto más fuerte es el estado más seguridad para el individuo, por tanto la identificación con él cubría también necesidades de seguridad. Esto es así para las clases populares, las élites, curiosamente desde los ideales de la izquierda, siempre han sido apátridas porque no han necesitado la protección de la comunidad.

Posteriormente, concretamente en el periodo 1870-1914, se descubre (o se inventa) la tradición popular. Remarquemos este hecho, todas las tradiciones populares, de todas las naciones, no solo la catalana, se inventan o se “descubren” (es decir, se dignifican, se popularizan) en este periodo.

El libro concluye señalando que en la actualidad, cuando la economía internacional tiende a la integración, el motivo de la nación pierde fuerza como motor de la historia, aunque ello, paradójicamente, alienta la secesión y el florecimiento de movimientos separatistas, cuyo fundamento y justificación dependen ahora mucho más de causas internacionales (aceptación, apoyo, etc.) que de causas estrictamente internas.

Como podéis comprobar, en el caso catalán confluyen una serie de factores que de forma objetiva hay que reconocer, como es que Cataluña cumple los criterios que los usos del siglo XVIII y XIX establecieron para definir una nación (no así el País Vasco, que carece de tradición literaria propia y no ha pertenecido a una entidad política duradera), y que la integración económica internacional favorece la fragmentación de los estados. Sobre este punto escribí en su día con profusión, basta con señalar ahora que hace innecesario un gran mercado propio, y por tanto diluye uno de los fundamentos más sólidos del estado-nación.

Estamos pues ante un problema serio. Una ideología que nos habla de meritocracia, y que identifica dinero con virtud, un territorio que cumple los criterios usuales para ser definido como nación, que es más rico que el resto y que puede tener la tentación de quedarse mayor parte de esa riqueza, y una economía integrada globalmente que hace superfluos los esfuerzos por crear una economía nacional.

Según está lógica Cataluña debería ser ya independiente, pero no, los sistemas dependen de la trayectoria, y las sociedades son sistemas complejos, la historia ha colocado a Cataluña junto a España y ahora es difícil cortar ese lazo. Pero basta un shock exógeno, en este caso la crisis financiera internacional de 2008, para que los débiles fundamentos de nuestra convivencia se vean agitados, y las clases populares quieran refugiarse bajo un paraguas de la comunidad más amplio y bien asentado. Menos recortes y más seguridad.

Parece imposible solucionar este problema si no es a través de un autoritarismo que es contrario a la narrativa de democracia y derechos individuales tan propia de nuestra era, sin embargo no es así. No somos seres egoístas racionales que miramos por nuestro propio interés de forma exclusiva. Nos importan los valores, tenemos sentimientos, el contacto con otros seres humanos nos conmueve, nos gusta ser entendidos, reconocidos, y somos reacios al cambio. Por todo ello, y por mi conocimiento personal de Cataluña, tengo el convencimiento que una amplia mayoría de catalanes decidiría mantener la unidad del Estado bajo un marco coherente de convivencia.

La corresponsabilidad fiscal parece un buen principio, tener autonomía por el lado de los ingresos, poder recaudar más si lo necesitas, o reducir la carga sobre tus ciudadanos, sin depender del estado central ni poder culparle. No es nada revolucionario, think tanks conservadores como FEDEA han tratado la cuestión abiertamente, por ejemplo en este artículo. Claro que aun teniendo corresponsabilidad y autonomía por el lado de los ingresos seguirían existiendo transferencias de unas Comunidades Autónomas a otras. Fomentar la transparencia en el origen y destino de estos fondos parece también un buen principio. También es necesario explicar a la ciudadanía que sin ajuste de tipos de cambio, es decir, cuando en el territorio se usa una solo moneda, son necesarias transferencias fiscales entre regiones para evitar crisis como la del euro.

El dinero no lo es todo, por supuesto, el resto de España debe acercarse a Cataluña también a nivel cultural, y para ello debe rechazar cualquier tipo de nostalgia hacia el franquismo.

Debe modificarse la constitución para cambiar el sistema político, y permitir que en la medida de lo posible la ciudadanía pueda apartar a los corruptos y mediocres de los cargos de responsabilidad. La nueva norma debe dar mayor poder a los ciudadanos y restarlo a los partidos, evitando que se reproduzca de nuevo el férreo control que ejercen sobre todos los aspectos públicos, incluyendo los jueces, medios de comunicación, universidades, reguladores, etc.


Esto a día de hoy parece imposible. A los que no respaldamos la actuación criminal de este gobierno se nos trata de amedrentar y silenciar. Se revisten con la bandera y te llaman antiespañol. La coacción ejercida por tus propios vecinos es asfixiante y desmoralizadora. Los partidos han carcomido esta sociedad, introduciendo su podredumbre y su mezquindad hasta el tuétano. Han borrado todo rastro de decencia, de civismo, de principios morales y de virtud. Me han convertido en un extranjero en mi propio país. La España democrática y cívica que yo siento en mi corazón no existe, es un país de fantasía. Sé que no votaré con los pies, seguiré resistiendo y ante la barbarie haré lo único que puedo hacer, oponerme pacíficamente. Seguramente veré marchar a los míos mientras el territorio se empobrece y la población se envilece. Lo siento pero no puedo transmitir esperanza.

lunes, 2 de octubre de 2017

De la nación a la emancipación

Dejaré al margen en esta reflexión el debate entre legalidad y legitimidad a la hora de abordar el derecho a decidir la independencia de un territorio, (que en buena lógica tendría que ser aplicable igualmente a territorios más pequeños). Parto de la base de que la carencia de legitimidad de las leyes acaba creando tensiones o rupturas de uno u otro tipo con el orden establecido, (como enseñaba, por ejemplo, Castoriadis). Y la legitimidad no es precisamente el punto fuerte de una constitución que se nos ofreció cocinada desde las élites como única alternativa a la continuación de la dictadura, y que además no ha sido refrendada por la población actual. Por otra parte si la lógica explotadora que marca nuestro tiempo destruye nuestro medio ambiente y conduce a la deshumanización, el camino opuesto pasa por una verdadera democracia, pues esta introduce el criterio humano por encima del productivismo, de la burocracia (pública o privada), de la plutocracia y de la tecnocracia. Una mayor capacidad política de las personas humanizaría la sociedad, y esto permitiría el ejercicio del sentido de la responsabilidad en lugar de enquistarse en una única decisión magnificada precisamente por ser negada, convertida en un conflicto cargado de emociones y en una cuestión de amor propio.

Defensa de la bandera durante la histórica batalla de Chocim

Sin embargo el empuje de la sociedad civil nacionalista en países hiper-desarrollados, que ha decidido ser connivente con sus élites locales en esta aspiración, contrasta con la falta de empuje emancipador. Resulta paradójico que no se reivindique una mayor independencia respecto al sistema productivo que nos oprime a diario como principal aspiración una vez que se tiene suficiencia económica mientras se magnifica el problema de la dependencia territorial. Creo que ambas cosas tienen un origen cultural -pues no es la necesidad lo que está en esta forma de motivación- anclado en la modernidad. Dos tercios de los ciudadanos de estos países viven -vivimos- en cierto modo como niños mimados gracias a la explotación ambiental y esclavista de tierras lejanas. La competencia abusiva entre territorios es una seña de identidad de nuestro tiempo y está en su ADN, ya diseminado como una planta transgénica por todo el mundo, (y por supuesto, no sólo entre los separatistas). Todos utilizamos ese marco para analizar los problemas globales y cómo nos afectan localmente, y utilizamos ese mismo marco para intentar resolverlos. Esto no es una auto-acusación sino un problema también para nosotros; un problema que impregna a la sociedad de una lógica economicista y explotadora que nos angustia.

Para entenderlo hay que analizar la marca psicológica que supone crecer como niño mimado o privilegiado por su origen (aun aceptando que no es más que un estereotipo que no se cumple tal cual en cada persona). Esta condición social no implica sólo una ventaja sino también una debilidad de carácter que hace a las personas dependientes y temerosas de perder esa prebenda de origen que ha facilitado su vida, o bien las lleva a la ansiedad por no poder lucir mejor en el ranking de los privilegios que ha marcado su psique. Así se entiende que incluso en las sociedades opulentas tenga tanto peso el argumento de la discriminación económica, también entre territorios, dando alas al nacionalismo (y cadenas para su negación al centralismo): en algunos casos la independencia podría optimizar mejor el desempeño patrio en una globalización económica que favorece a las zonas y a las personas más ricas gracias a la fragmentación política.


Por supuesto, el peso de la cultura local -a menudo menos "diferente" de lo que se quiere hacer ver- juega un papel en el reclamo nacionalista: es el uso utilitario de la misma por parte de las élites para lograr la seducción de masas que todo movimiento social necesita y del que estas élites serán las principales beneficiarias. Lo que ofrece el nacionalismo desde sus orígenes burgueses es un paliativo acomodaticio para el sentimiento de desarraigo propio del individualismo materialista promovido por esa misma burguesía desde los albores de la modernidad. No es que esa cultura local no exista ni merezca la pena ser preservada. Todo lo contrario. Pero como decían en este comunicado de la CNT de Vilanova i la Geltrú (que data de 1983), "[el patrimonio cultural] pertenece a la sociedad civil, y el nacionalismo es una creación del poder político separado de la sociedad civil." 

Por otro lado el nacionalismo aísla quirúrjicamente las diferencias culturales para sublimarlas en forma de esencia idealizada invirtiendo así el sentido de nuestra naturaleza cultural. Como también se dice en el texto anterior: "Si la cultura no es otra cosa que la superación de los procesos naturales que forman el proceso vital del hombre, es, en su esencia interna, en todas partes la misma a pesar del número siempre creciente y de la diversidad infinita de sus formas especiales de expresión. No hay culturas cerradas que entrañen las leyes de su propio origen. Lo común que sirve de base a toda cultura es infinitamente más grande que la diversidad de sus formas exteriores."

Y es que, al igual que ocurre en la relación entre economía y ecosistemas, la cultura no se da en el vacío, y de hecho, para lograr una menor insostenibilidad y cierta emancipación necesitamos, entre otras cosas, un cambio cultural simultáneo en casi todos los lugares del planeta de acuerdo a nuevos parámetros; una nueva hegemonía que no alcance sólo a las formas de consumo y a los hábitos de vida sino también a las apuestas políticas. Esta racionalidad ecológica no estaría reñida con la diversidad, como si ocurre con el absolutismo de la racionalidad económica liberal, que desde la idealización del estado-nación implanta en cada patria los mismos hábitos comerciales que igualan el mundo más allá de los días de folclore. Por contra, una valoración más realista de nuestra ecodependencia y de nuestra interdependencia fomentaría la diversidad en convivencia al revalorizar el localismo y al reconocer los límites de la razón. A pesar de todo lo que creemos saber, nuestra ignorancia es de proporciones "trascendentes" y haríamos bien en hacer prevalecer el principio de precaución junto al respeto a las diversas creencias sobre lo que no podemos conocer.

 
En principio la reivindicación nacionalista es la demanda de un cambio que por sí mismo no cambia nada dentro del colectivo que se independiza, pudiendo seguir tan alienado, insostenible y desigual como antes. Pero, volviendo al argumento iniciado más arriba, la globalización económica favorece a las regiones que, siendo ricas, se mantienen al margen de compromisos políticos con el resto del mundo mientras compiten sin restricciones en un mercado global que no cuestionan. Un síntoma de esto es que resulte más fácil hablar de independentismo o de patriotismo de cualquier bandera que hablar de aranceles o de relocalización económica o de impuestos pigouvianos sobre el transporte, sobre la destrucción ambiental lejana o sobre el esclavismo (sin muros que detengan su aprovechamiento). Interiorizado el marco de la competencia como patrón para la actividad humana, la posible ventaja sobre los demás acaba prevaleciendo sobre otras reivindicaciones.

El nacionalismo logra así dividir (o engañar) a la población como ya ocurriera en la Primera Guerra Mundial, cuando la Segunda Internacional quedó relegada en favor del patriotismo popular. Seguimos sin novedad en el frente por mucho que cambien los vencedores. Pero la universalización de una lógica patriótica, crecentista y competitiva está generando también problemas uniformes que sólo tendrán solución desde acuerdos políticos transnacionales para apostar por una relocalización económica cooperativa.

Los planteamientos de la izquierda decimonónica no pueden enganchar ya a la mayoría de la población de las regiones más insostenibles del planeta, bien nutrida y ahíta de distracciones a demanda. No es un problema de suficiencia económica. Y estos partidos acaban entrando con matices en el juego del neoliberalismo imperante, relegando el internacionalismo, o bien obtienen sólo el voto de la minoría excluida. Sin embargo eso no quiere decir que no exista un problema de explotación incluso entre los empleados mejor pagados. No es raro escuchar entre estas personas que cambiarían con gusto parte de su salario por más tiempo libre y sosiego, y sin duda esta sería una reivindicación más potente si tuviera un engarce político explícito y desarrollado, (como podría ser el fomento y la protección de las excedencias y las reducciones de jornada voluntarias entre otras medidas). Pero esto exige plantarse frente a la globalización económica que impone la máxima competitividad a cada estado-nación, (grande o pequeño).

Si a esto unimos el problema de la insostenibilidad de este modelo y la represión económica ejercida sobre ese otro tercio de la población que subsiste precariamente o en la exclusión social, (a su vez infundiendo ansiedad economicista o posicional al resto), podremos ver que tenemos nuevos motivos y que necesitamos nuevas herramientas para reivindicar una cambio transnacional a favor de la vida, a favor de la emancipación humana como parte de ella, a favor de la autonomía y de un bienvivir auténticos.

Si bien la lógica de las economías de escala ha elevado el productivismo a su máxima expresión, deberían ser ya evidentes los "efectos secundarios" suicidas, la desigualdad y la dominación que impone esta lógica. Por ello el nuevo paradigma a extender por el mundo tendría que incluir un cuestionamiento de la escala tanto en el ámbito corporativo como en la concentración del poder político o en la posibilidad de acumular patrimonio (que también implica poder político). Pero decidir con autonomía desde abajo y en ámbitos locales, (a escala humana), no tiene por qué llevar a la desconexión, a la irresponsabilidad sobre problemas comunes o a la ausencia de compromisos transnacionales vinculantes. La cuestión es, volviendo al inicio, cuál es la legitimidad de esos compromisos (que ahora nos imponen desde las élites corporativas), y no tanto el grado de independencia entre territorios. De hecho, como hemos visto, la independencia política puede ser perfectamente connivente con la explotación internacional. La soberanía plena es al planeta lo que la propiedad privada a la vida en sociedad. Es necesario enmarcarla legalmente en unos límites de uso que preserven el interés público y la inclusión, (desde el color de la fachada o el humo del tabaco hasta los impuestos), y la cuestión es extender esa lógica a la responsabilidad colectiva de cada pueblo.

Podemos encontrar inspiración para este cambio de paradigma en la reflexión llevada a cabo por una parte de los kurdos que han evolucionado en su posicionamiento teórico desde el nacionalismo al confederalismo democrático. Extraigo unos párrafos del siguiente artículo que lo explica:

"Varios años antes, tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, el PKK había comenzado a reflexionar de manera crítica sobre el concepto de Estado-nación. Ninguno de los territorios tradicionales de los kurdos era exclusivamente kurdo. Por tanto un estado fundado y controlado por los kurdos automáticamente acogería grandes grupos minoritarios, creando el potencial para la represión de las minorías étnicas y religiosas del mismo modo que los propios kurdos fueron reprimidos durante muchos años. Como tal, un estado kurdo tendería a ser visto como una continuación del problema existente en la región más que como una solución al mismo.
Por último, después de haber analizado la interdependencia del capitalismo y el estado-nación, por un lado, y entre el patriarcado y el poder estatal centralizado por el otro, Öcalan se dio cuenta de que la libertad y la independencia reales sólo podrían llegar una vez que el movimiento hubiera cortado todos los lazos con estas formas institucionalizadas de represión y explotación...: "La tarea consiste en apoyar el desarrollo de una democracia desde abajo... que tenga en cuenta las diferencias religiosas, étnicas y de clase en la sociedad ".
...

Una confederación auto-organizada de municipios, trascendiendo las fronteras nacionales y los límites étnicos y religiosos, es el mejor baluarte contra la usurpación incesante de las potencias imperialistas y las fuerzas capitalistas."

Una nota sobre el pueblo kurdo. Desde mi punto de vista, los kurdos de los diferentes territorios que habita este pueblo parten de situaciones y de motivaciones muy diferentes a las que se dan en los nacionalismos occidentales. Aunque una parte de quienes promueven estos últimos, por ejemplo en Cataluña, compartan el ideario anterior, contrario a la globalización neoliberal, no es el caso de la mayoría de ellos.

Y una nota a favor de los niños mimados. No son pocos los burgueses ilustrados que a lo largo de la historia supieron relegar sus preocupaciones económicas en favor de todo tipo de pasiones personales, colectivas o políticas. Este me parece un camino importante para la transformación social.

Para terminar dejo los enlaces a la serie de entradas de este blog en las que planteé el problema de la globalización y la posible salida a la misma: