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lunes, 28 de marzo de 2016

Expertos vs. el colectivo



Un aspecto sumamente interesante, además de una de las tesis más potentes del libro de Nassim Taleb “Antifragil” al que ya dedicamos una amplia reseña,  es la potencia y superioridad del pensamiento colectivo frente a la voz de reputados expertos. Vamos a aplicar algunas de sus argumentaciones a diferentes sistemas complejos, como la economía, la sociedad, la biosfera o el clima.

Taleb carga con especial énfasis contra los economistas de renombre que, pese a sus repetidas fallidas previsiones y observaciones, siguen teniendo un lugar en el púlpito mediático generalista. En concreto carga tintas contra Josep Stiglitz, de forma tan cómica como acertada. Apunta ejemplos y estrategias que emplean los expertos economistas para cubrirse las espaldas ante sus constantes errores, tales como decir una cosa y la contraria, y después de un tiempo, rescatar la declaración acertada, y difundir su éxito predictivo. Apunta que es mucho más sencillo apuntar las debilidades o fragilidad de un sistema, que predecir un determinado riesgo, si lo que se quiere es tratar de tratar de remediar esa iatrogenia o daño.


Resalta que parte de su aversión a los expertos es a causa de su hiper-especialización, que les des-intelectualiza, al saber “mucho” de muy poco, perdiendo en muchos casos el contacto con la realidad, que es compleja e interdependiente. Entrecomillamos el "mucho" por que en las más de las veces saben menos de lo que presumen, y desde su altar emanan una soberbia muy característica, por su desprecio hacia temas que no dominan, y por ello no tienen en cuenta, o incluso ningunean, como en la fábula de la zorra y las uvas. Un caso que tratamos recientemente en la asociación fue el de Vicenç Navarro, con sus lagunas en temas clave como energía y ecología a la hora de hablar de "desmaterializar el crecimiento económico". Ha sido la fe en estos personajes de la mano con el pensamiento economicista el que nos ha empujado a la extrema fragilidad que nos expone a colapsos por imposibilidad de mantener la complejidad del sistema globalizado.

El "problema de los expertos" nos sitúa en el lado erróneo de la asimetría; es decir, así como cuando eres frágil necesitas saber mucho más que cuando eres anti-frágil, cuando crees que sabes más de lo que en realidad sabes, tu fragilidad a los errores se incrementa significativamente. Es por ello, que pese a cada vez disponemos de más expertos, ya sean tertulianos de la televisión o omnipotentes académicos encantados de conocerse, no conseguimos resolver problemas que se van incrementando, y que probablemente requieran de una aproximación diferente, más holística y menos al extremo detalle, como puede hacerse a través de la interdisciplinar dinámica de sistemas. Necesitamos más escépticos, y menos expertos, que cuestionen y destripen la realidad compleja, frente al "guruismo "y la masa que acepta acríticamente. 

Además, uno de los aspectos que Taleb apunta como más hirientes es la falta de responsabilidad con la que los expertos vierten sus predicciones sin después responsabilizarse de las consecuencias, y más las que afectan a gran parte de la población. En su discurso, se centra en el tema económico y financiero, pero deberíamos ampliar esta demanda de responsabilidades a todas aquellas voces que se autodenominan expertas, y generan confusión y fragilidad en sistemas que afectan a toda la humanidad, y a la biosfera. En concreto nos referimos a los "expertos" en energía que por ejemplo promueven el Fracking o la energía nuclear, o los "expertos" en clima que niegan la evidencia del creciente caos climático. Es importante no olvidar la responsabilidad de muchos creadores de opinión frente a crecientes impactos de riesgos ante los que nuestra vulnerabilidad es cada día mayor.

De nuevo en este tema entra en juego la "vía negativa". Lo no-natural necesita demostrar su inocuidad y sus beneficios, mientras que lo natural no necesita esta carga de la prueba, ya que millones de años de evolución adaptativa avalan su idoniedad. Como dice Taleb "la naturaleza es mucho menos estúpida que el ser humano. Esto es una evidencia en los problemas complejos". Apuntar que esta idea de que el ser humano esta fuera de "lo natural", es una de las lacras que arrastramos, y deberíamos dejar en la cuneta, si queremos seguir caminando como especie sobre la faz de La Tierra.

Etiqueta a esta plaga de expertos poco acertados como el "Síndrome de Stiglitz", y recomienda textualmente:

"Nunca preguntes a nadie por su predicción, opinión o recomendación. Solo preguntarle donde pone su portfolio*"

*[esfuerzo, trabajo, ahorro, inversión. De nuevo podemos observar el lenguaje financiero de Taleb]"

Hace un alegato de pensamiento científico genuino, frente a la ciencia prostituida y dirigida, desgraciadamente característica del modelo universitario actual. Ante argumentos variopintos, podemos emplear la ciencia, que se basa precisamente en argumentos, pero que se sostienen por sus propias patas, ya que algo que esta demostrado empírica o matemáticamente como erróneo, sencillamente no puede ser correcto por mucho que cientos de "expertos" estén en desacuerdo.

Un ejemplo esclarecedor es el caso de la burbuja inmobiliaria española. Numerosos "expertos" televisivos, y en general, el stablishment político y mediático negaban la existencia de tal burbuja, y aseguraban que "los pisos nunca iban a bajar" o que "alquilar era tirar el dinero". Desde estos sectores se cargaba contra las personas y colectivos, desde arquitectos comprometidos a movimientos ecologistas que señalaban el problema inmobiliario, sus consecuencias sociales y ambientales, tachándolos de agoreros, resentidos o cualquier otra etiqueta. Con el tiempo se vio que obviamente no era posible mantener los precios desorbitados, y acabo reventando la burbuja, y quebrando la mayoría de cajas de ahorros y algunos bancos implicados en las tramas especulativas. Una de las consecuencias fue la transferencia de fragilidad desde las entidades y organismos responsables, hacia la sociedad, ya sea vía rescate con fondos públicos de las entidades quebradas o vía desahucios y exclusión social. 

Certeramente, Taleb apunta que un organismo natural no es una unidad final, sino que esta compuesto de subunidades, y el mismo forma parte de un colectivo más grande. Podemos observar muy claramente en el sistema actual la transmisión de fragilidad del individuo al colectivo, en niveles muy diferentes. Como si el individuo estuviese diseñado para que sus errores afectaran a más gente (o más especies de seres vivos), y no a el mismo. Este es el caso de como hemos entrado en el antropoceno, empujando a otras especies a su desaparición, a unas tasas de extinción 1000 veces superiores a la que había antes de la extralimitación de la especie humana de los ecosistemas (1). Por tanto, tendemos a discutir sobre errores sin tener en cuenta el entramado y la transferencia de fragilidad.

Introduce el interesante concepto de "hormesis" como la capacidad de fortalecerse tras un daño, siempre que observemos desde fuera, no desde dentro, por ejemplo, una civilización o sociedad sufre un cierto estrés, como los terremotos, y se adapta a las condiciones en diferentes ámbitos, como es la construcción. Si miramos los efectos de un terremoto tras su impacto, veremos  una gran destrucción, dolor y sufrimiento, pero si miramos adelante en el tiempo, observamos que este impacto evitó desgracias al "inmunizar" a esa sociedad. Lo mismo puede suceder en respuesta a venenos o enfermedades. Este tipo de antifragilidad es evolutiva, y actúa a nivel informativo, ya que los genes o los anticuerpos son información al fin y al cabo.

Con la hormesis, el individuo no se hace más fuerte, probablemente muera, pero consigue la transferencia de un beneficio al colectivo, haciendo que más adelante otras unidades puedan sobrevivir. Estos supervivientes podrán cargar con las modificaciones necesarias para transferir esta información al colectivo. Esta información no se preocupa por el individuo, que es un peón sacrificable, sino por el futuro del colectivo. Este tipo de reacción debería arraigar para la construcción de un futuro para la especie, pero el entorno extremadamente individualista no es un buen caldo de cultivo. En este sentido, la evolución no es más que otro tipo de antifragilidad.

Partiendo de aquí, podemos afirmar que existe una tensión entre la naturaleza y el organismo como individuo. Cualquier ser vivo, tiene una vida finita, para después desaparecer. Pero habitualmente, antes de marchar ya ha dispersado su material genético, recibido de sus padres, y modificado en su tránsito. La naturaleza prefiere que "el juego" continúe en términos informativos, el acervo genético, por lo que los organismos necesitan morir para que la naturaleza sea antifrágil.

Un ejemplo en economía de transferencia de fragilidad del individuo al colectivo es el rescate de empresas "too big to fail" (demasiado grandes para quebrar) con dinero público, algo que hemos visto de forma repetida en diferentes países, entre ellos el nuestro. Muchas de estas intervenciones, que están pensadas por expertos para salvar a una empresa "débil" y ayudar al colectivo (el sistema), lo que tienen es un efecto inverso, que es dañar al débil, generando exclusión social, para mantener los privilegios de los poderosos, consolidando su posición de dominación.

La unidad en las culturas tradicionales es el colectivo, y este puede verse dañado por el comportamiento de un individuo. Claramente un sistema debe de favorecer la supervivencia de los individuos, pero uno debería ir con cuidado de no glorificar su interés personal contra el de otros debido a la interdependencia y la complejidad.

Taleb apunta la teoría  que sostenían algunos filósofos conservadores como Wittgenstein, de que ciertas tradiciones son el resultado de la herencia del pensamiento y conocimiento colectivo. Estos, a diferencia de Hayek (curiosamente primo del propio Wittgenstein), si contemplaban la opcionalidad, huyendo del dogma y la fragilidad que conlleva. Con opcionalidad, queremos hacer referencia a la aceptación de la interdependencia, cultivando las relaciones sociales como opción necesaria para salir adelante. Wittgenstein no se creía las falacias que los ultraindividualistas manejaban para justificar y mantener sus posición privilegiada, y fue consecuente en su estilo de vida, ermitaña y misántropa.

En la actualidad, la idea del "yo" se ha llevado hasta el centro de la cultura, trayendo con ello una gran fragilidad. Antes de que el "yo" subiera a los altares, todas las personas éramos parte de un presente colectivo y simiente de una progenie futura. Tanto las tribus del pasado, como las que todavía existen, y seguramente las futuras, explotaron la fragilidad del individuo para fortalecerse a si mismas. Siendo honrados y atribuidos con méritos los individuos que se sacrifican por el bien del grupo, al haber trabajado duro por las siguientes generaciones.

Dice sentirse abatido al escribir sobre estos temas, cuando se está condenando a las futuras generaciones a mucho dolor, por endeudamiento, por agotamiento de recursos y profundos daños ecosistémicos, todo ello en los intentos de apuntalar un sistema con cada vez más fragilidad.

Llegando con esto a proponer una heurística evolucionaria, a la que se podría otorgar los siguientes atributos:

  1. No sabes que estás usándola.
  2. Se ha realizado antes durante mucho tiempo, de forma exactamente igual, o similar ajustada al ambiente concreto, por generaciones y generaciones de practicantes. Reflejando así una sabiduría colectiva fruto de la evolución.
  3. Aquellas personas que realizaron está actividad, sobrevivieron, es decir, está libre del "problema de la agencia".
  4. Sustituye a problemas complejos que requerían una compleja solución matemática.
  5. Solo puedes aprender practicándola o observando a otros
  6. La tarea podría hacerse "mejor" por ordenador que en la vida real. Pero por alguna razón, esta segunda mejor heurística es más apropiada que la primera.
  7. El campo en el que ha sido desarrollada permite rápida difusión y retroalimentaciones, haciendo que aquellos que comenten errores o daños no duran mucho tiempo en la actividad determinada



(1) 1. Chivian, E. and A. Bernstein (eds.)  2008. Sustaining life: How human health depends on biodiversity. Center for Health and the Global Environment. Oxford University Press, New York.










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