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lunes, 7 de marzo de 2016

DiEM25 ¿Un intento más?

El tiempo corre inexorable como impone la entropía, aunque la economía dominante está decidida a ignorarlo con empeño y vigor. Aquellos que no compartimos que el equilibrio y el bienestar aparecen tarde o temprano cuando se deja actuar al mercado, sentimos como se escapa entre nuestros dedos.

El imperativo de actuar nos acucia más que nunca, sin embargo, cuando más perentoria es la necesidad de acción, más nos dispersamos en debates sobre la búsqueda de mensajes que sean atrayentes y que, a la vez, puedan igualar en simplicidad a los que actualmente dominan de manera apabullante los medios de comunicación controlados de forma abrumadora por la ideología neoliberal.



¿Cómo igualar o incluso superar la capacidad de propaganda de forma que seamos capaces de transmitir un mensaje alternativo? ¿Cómo convencer sin aburrir? ¿Como esas alternativas serán asumidas e interiorizadas por el suficiente número de gente para alcanzar una masa crítica de cambio? Estas y preguntas parecidas son formuladas por personas que piensan que el cambio de modelo, en su forma más suave, o directamente la revolución es la única vía posible si queremos salvar un mundo, un sistema ecológico del que nuestra sociedad forma parte, que está menguando a una velocidad exponencial, aunque muchos se empeñan en mirar hacia otra parte.

El mediático ex-ministro de finanzas griego Yanis Varufakis ha decidido a echar su cuarto a espadas. Es la cabeza visible de un nuevo movimiento denominado DiEM25 (Democracy in Europe Movement 2025) cuyo pistoletazo de salida es un manifiesto que proclama que la democratización de Europa es la única vía para evitar su desintegración.



En estos momentos, dentro de la UE las fuerzas centrífugas actúan con fuerza, no solo es el referéndum para la salida o permanencia del Reino Unido (Brexit), sino la falta de una real unión fiscal y monetaria en la eurozona o la crisis de inmigración hacen que el llamado proyecto Europeo se tambalee.

En realidad, el proyecto Europeo es cuestionable desde su inicio. El propio Varufakis en su libro el Minotauro Global explica que la actual UE nacida como la CECA (Comunidad Europea del Carbón y el Acero) no es más que un apéndice del que denomina como Plan Global de los planificadores del New Deal estadounidense.

En el manifiesto, no hay ninguna referencia a este hecho, sino simplemente al nacimiento como un cártel de la industria pesada que después se extiende a la agricultura. En realidad, el manifiesto, de forma deliberada, recurre a un relato bastante romántico de la unidad europea.

La Unión Europea fue un logro excepcional. Consiguió unir de forma pacífica a unos pueblos europeos que hablan diferentes lenguas y que están inmersos en diferentes culturas, demostrando que era posible crear un marco compartido de derechos humanos en un continente que, no mucho antes, estaba dominado por un chovinismo homicida, el racismo y la barbarie. La Unión Europea podría haber sido el proverbial faro entre la niebla y mostrar al mundo que la paz y la solidaridad podían ser arrebatadas de las fauces del conflicto y la intolerancia.”

Parece evidente, que se trata de un compromiso entre diferentes sensibilidades y, por esa causa, podemos encontrar diferencias de tono o, incluso, realizar diferentes niveles de lectura. Habiendo oído varios discursos de Varoufakis relativos al nuevo movimiento, es fácil percatarse de la necesidad de alcanzar compromisos para aglutinar posturas políticas e ideológicas diversas bajo un mismo paraguas. Varoufakis tiene clara la nítida diferencia entre sus posiciones académicas y la necesidad de acomodarse a un discurso más digerible dentro del imaginario que ha creado el establishment y utilizarlo en su contra.

Parece una estrategia razonable, a primera vista. No obstante, la capacidad de fagocitar o destruir cualquier alternativa por parte del poder es una de sus señas de identidad más remarcables. El sempiterno “No hay alternativa” (TINA) de Margaret Thatcher se muestra como una verdad incuestionable para una mayoría social, aunque muchos aborrecen sus consecuencias,  consideran una pérdida de tiempo y energías luchar por lo que no se puede cambiar, pues es así como son las cosas, aunque las detestamos.

En crear, mantener y fomentar la idea de la falta de alternativas la escuela económica neoclásica ha jugado un papel primordial, otorgando a lo que es una posición ideológica (normativa) un halo de positivismo completamente inmerecido que ha sido motivo de algunas entradas en este blog.

Sin embargo, no cabe llevarse a engaño, desmontar la parafernalia de conceptos masticados y simplificados, que apelan a un presunto sentido común previamente construido mediante falacias es una tarea casi imposible. No obstante, no debe renunciarse a atacar estos concepto aunque pueda parecer un empeño estéril.

El eterno dilema sobre cuál es la mejor estrategia y hasta qué punto compromete los objetivos últimos debido a los inevitables acuerdos que se deben alcanzar es una de las principales debilidades de la izquierda. Una debilidad que siempre ha causado fragmentación y desencanto, pero que no ha caído nunca en saco roto, pues el sistema ha sabido siempre aprovechar esas circunstancias para avanzar en su proyecto, el único posible como les gusta presumir.

DiEM25 coge una bandera muy apreciada por el liberalismo en sus diferentes modalidades, colores y sabores, la democracia que pasa a ser la idea fuerza que sirve para aglutinar. ¿Quién se negaría a democratizar más Europa? Muy pocos, aunque cada vez esos muy pocos sean más. Pero no nos desviemos de la cuestión.

He dicho que la democracia siempre ha sido una bandera de enganche muy apreciada por los liberales, aunque ciertamente muy alejada de su núcleo doctrinal básico. Pero estamos en el terreno de las apariencias o del nominalismo.

En ese sentido, DiEM25 es inteligente y acusa a la UE  de ser un ente burocrático. La idea de construir un discurso contra la burocracia desde la izquierda es básico como nos ha puesto de manifiesto David Graber en su último libro la Utopía de las Normas que comentamos en el blog. El manifiesto expresa en diversas ocasiones las nefastas consecuencias de haber cedido el poder a esos tecnócratas/burócratas, presuntos expertos que no hacen más que expresar a través de sus actos, supuestamente asépticos, un posicionamiento ideológico que contrario a los intereses de una gran mayoría de los ciudadanos que no los han elegido, pero que sufren sus decisiones.

La idea que la burocracia es contraria al mercado, por qué sirve para alterar su funcionamiento eficiente en las condiciones ideales que los economistas postulan, es ridícula. De hecho, ni siquiera en esas supuestas condiciones marcianas se cumple lo que la escuela neoclásica sostiene, ni que decir tiene, en la realidad. La tecnocracia, es un apoyo inestimable para perpetuar la hegemonía de un sistema y, por esa causa, la crítica desde la izquierda es imprescindible. En el caso de la tecnocracia de la UE, esto es si cabe más palmario que en el caso de las burocracias de los estados miembros, dado su mayor alejamiento de los ciudadanos.

El manifiesto plantea un problema que ya se produjo en el período de entreguerras con una vuelta a las pulsiones nacionalistas que suponen un enfrentamiento entre las antiguas naciones-estado, cada uno haciendo la “guerra” por su cuenta. El fenómeno de la centrifugación de la UE se encuentra enmarcado en los límites del proceso de globalización, de la misma forma que sucedió en el primer período mencionado. Se trata de un peligro inminente que gana velocidad a medida que las sucesivas crisis actúan como catalizadores de esas pulsiones. Especialmente las crisis migratorias están suponiendo un gran impulso para las tesis que abogan por un control estricto de los flujos, y para ello, sostienen, no queda más remedio que la mano dura. Es un capítulo más donde las libertades y derechos ceden paso a la “seguridad”.

El documento señala de forma parcial algunas de las características que el llamado consenso de Washington sobre la globalización ha supuesto para ahondar en la tecnocracia a la que antes hacíamos referencia.

“  un proceso de decisión sumamente politizado, opaco y vertical que nos es presentado como “apolítico”, “técnico”, “de procedimiento” y “neutral”. Su propósito es impedir que los europeos ejerzan control democrático sobre su dinero, sus finanzas, condiciones laborales y medio ambiente.El precio de este engaño no es sólo el fin de la democracia, sino también políticas económicas erradas:”

No se trata de nada nuevo, sino una profundización de aquellos rasgos que han configurado la UE desde su nacimiento en el marco del sistema imperial de los Estados Unidos.

En este punto, el manifiesto plantea que la dinámica nos lleva a dos alternativas que son igualmente perjudiciales: o el estado-nación enfrentado al resto o Bruselas como la encarnación del proceso de globalización y burocratización al servicio de las élites económicas.

Personalmente no percibo la dicotomía tal como se plantea. En realidad creo que ambos procesos tienen más puntos de conexión de lo que parece para mantener el status quo. Son procesos complementarios para mantener unos privilegios que se han construido en torno a la deuda que es la pieza clave donde se encarnan las relaciones de poder y sumisión.



La propuesta de democratización es, no cabe duda, una propuesta radical. No se trata de recuperar nada que se ha perdido, sino de construir algo completamente nuevo si pretendemos variar la deriva de un sistema que esta moribundo. El documento juega con una calculada ambigüedad ya que puede parecer que en algún momento del pasado se dio un verdadero proceso democrático tanto a nivel europeo como de los estados miembros que conforman la Unión.

En este punto, es donde comienza el documento a desgranar algunas propuestas genéricas que van encaminadas a culminar el proceso de democratización en 2025. No es mi intención entrar a debatir de forma pormenorizada las mismas. Tiempo habrá si realmente el movimiento prospera para lo que necesita aglutinar visiones ideológicas que son en muchos puntos contrapuestas.

Cabe decir que entregar la capacidad de decisión a los ciudadanos es completamente incompatible con nuestro actual sistema político basado en la representación incondicional, donde las opiniones de los ciudadanos son ignoradas para su “bien” sobre la base de conceptos ideológicos que se presentan como verdades inmutables. Nuestra opinión, respetable siempre para un liberal, debe quedarse en el ámbito personal ya que no sirve para gobernarnos, la tarea queda encomendada a unas élites que son elegidas, normalmente por personas interpuestas que llamamos políticos, e investidas de un poder del que en realidad no deben rendir cuentas, excepto cada período electoral, donde las alternativas son meras variaciones sobre el mismo tema.

Del manifiesto podemos decir que no son más que buenos propósitos (wishful thinking), sin embargo, no es óbice para dar la bienvenida a cualquier intento de desviar el rumbo de colisión del sistema con nuestros límites y los del planeta. Como hemos afirmado al inicio, lo único que no tenemos es tiempo, en consecuencia, aún desde el escepticismo, esperamos que este intento pueda aglutinar fuerzas que hasta ahora trabajan dispersas y que apenas consiguen hacer mella en un sistema que está en declive, pero cuya inercia debido a su velocidad y masa son colosales.

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