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lunes, 22 de febrero de 2016

Autonomía e identidad tercerizada: "el espíritu santo"

¿Como se puede reducir el riesgo de ser responsable de los propios actos? ¿Juegan un rol las noticias, los medios, la política y la iglesia en la gestión y reducción de este riesgo ? ¿Es posible tercerizar parte de nuestra responsabilidad individual a instituciones morales o entidades públicas ?

Comenzamos con una pregunta mas básica para poder responder a las anteriores.

¿Que es este riesgo ? El riesgo en este caso se manifiesta en las decisiones éticas y sociales que se toman cada día. Decidir llamar a alguien para su cumpleaños o no. Dar un euro a un indigente o no. Criticar el comportamiento de alguien que comete un acto no ético o dejarlo pasar. Dejar plantado al mejor amigo para una comida en familia el domingo. Asumir la posibilidad de cometer un error con la opción de pedir disculpas o tener el deseo de prevenir malos entendidos y comportamientos molestos. 

Si nos fijamos bien dormimos en el hospital junto a un enfermo porque se ofrece la opción de hacerlo y existe una pauta moral que sugiere que "se ha de hacer" y no porque a alguien le cause especial gusto quedarse allí o por el simple deseo de acompañar al enfermo. Si nos fijamos bien vamos los domingos a casa de los padres a comer porque pensamos que debemos hacerlo, muchas veces el placer está ausenta de este acto. Luego si nos fijamos mejor aun nos damos cuenta que poder pedir disculpas por un error en la propia conducta es un factor que influye en el mismo proceso de tomar decisiones. ¿Que pasaria si la opción de pedir disculpas no existiera?. ¿Que pasaría si no nos pudiéramos liberar o deshacer de la culpa con unos rezos o un perdón?

Seríamos responsables de nuestros actos en todo momento. No tendríamos la opción de remitirnos a una estructura de reglas morales que nos garantiza que actuamos bien siempre y cuando seguimos esas reglas. Aquí la iglesia católica ofrece un amplio abanico de formas y protocolos de conducta que incluso para un no creyente activo puede servir como reglamento de conducta ética.



Poder deshacerse de la culpa gracias a un ser superior conlleva un efecto secundario. Ya no somos responsables para nada. La autoridad de allí arriba nos ha puesto unas pautas y protocolos de buena conducta y no cuestionamos su certeza ya que al cumplirlas se nos promete convertirnos en buenas personas. Estamos muy atentos en todo momento a cumplir con los protocolos como en funerales, cumpleaños o mostrar afecto con palabras comúnmente aceptadas cuando a alguien cercano le ocurre una desgracia o tiene un éxito en la vida. 

Disponemos de unas pautas de conducta para muchas cosas. Decimos "y para cualquier cosa ya sabes..." , "ay, perdón me he confundido..." , "de verdad y de todo corazón..." , "te veo muy bien..." , etcetera...Podemos observar que cumplir con las formas para quedar bien es muy fácil y no requiere especial esfuerzo ni pensamiento empático.
Cumplir con el protocolo moral de la iglesia tiene otra ventaja como efecto secundario: Nos libera de responsabilidad de actuación por propio impulso. Podemos remitirnos a haber cumplido con las formas y quedamos intocables a nivel moral.

¿Pero qué pasa con la ética y con la empatía aquí? ¿De verdad es suficiente cumplir protocolos ? ¿De verdad es suficiente poder pedir disculpas por un descuido en la propia conducta que causa una miseria o un simple mal rato en la vida de otro?
Confiamos en la certeza de las leyes cristianas para poder evaluar la certeza de nuestras decisiones. Así nos podemos deshacer de la responsabilidad sobre nuestros actos a nivel individual. Así podemos liberarnos de reflexiones de relieve y discursos más comprometidos ante momentos que nos exigen una postura éticamente desarrollada y firme. Cumplir con el reglamento moral de la iglesia nos permite deshacernos de cualquier sentimiento empático porque ofrece declaraciones y actuaciones normativas en lugar de nuestro afecto de verdad o actuaciones autónomas.

Podemos observar que dejar el abrigo de la empatía en el guardarropa cuando entramos en interacciones sociales también conlleva que dejamos en el guardarropa una buena parte de nuestra libertad como individuo. Al sumergirnos en un reglamento moral hemos de reprimir nuestros más profundos sentimientos y normalmente no podemos expresar lo que realmente sentimos porque en la mayoría de los casos las personas sienten muy diferente a lo que es capaz de permitir el horizonte estrecho de un sistema moral.

Así recortados de libertad pero liberado de riesgo echamos la culpa a cualquier autoridad cuyas reglas seguimos cuando falla el discurso ético personal que tenemos. Así no somos invitados a asumir un riesgo individual porque en cada momento de nuestra vida nos encontramos con un protocolo moral a seguir que nos dio la iglesia en algún momento.

¿Que pensamos del aborto ? Pues lo que digan los expertos en medicina y teología. ¿Como vemos el tema de los refugiados? Pues lo que digan los que hacen algo a nivel político. ¿Porque tenemos el medioambiente destrozado? Pues yo separo basura porque el ayuntamiento me dice de hacerlo.

Nos cuesta horrores desarrollar una propia visión de las cosas y nos cuesta mas aún expresarlo sin correr el riesgo de aislamiento social. Una vez alguien me echó una bronca por haberle dado una bolsa grande de comida a un indigente. Su argumento era: "para estas cosas pago impuestos, que cáritas o quien sea le ayude"

"Solo sigo las pautas"
 es la actitud que nos convierte a todos en autores de escritorio.



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