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lunes, 2 de marzo de 2015

Teresa Belton y su análisis sobre la simplicidad voluntaria (Parte I)

A principios de 2007, poco antes de que estallara la crisis financiera internacional, los británicos aumentaban la deuda personal 1 millón de libras cada 4 minutos, los jóvenes británicos gastaban una media de más de 1.350 euros al mes en comprarse ropa, el 90% de los adolescentes de 17 años estaba ya endeudado pero no le daba importancia al asunto porque había más tarjetas de crédito que personas en el Reino Unido, y la deuda por hogar - excluyendo hipotecas - alcanzaba los 12.000 euros. 

Teresa Belton, autora de Happier People Healthier Planet - donde expone todos estos datos y muchos más - sabía que a partir de los hallazgos arqueológicos quedaba patente el entusiasmo del ser humano por distinguirse y obtener reconocimiento a través del consumo del lujo, pero también era consciente de cómo ese comportamiento era impulsivo y había alcanzado su cénit en las décadas de 1970-2000 en Occidente, llegando a contagiar también a las potencias emergentes como Brasil, India, Rusia y China. La gente ya no se preocupaba de cubrir sus necesidades básicas, sino que aspiraba a distinguirse a través de la acumulación de productos.

Pareciera que el apetito por lo que no se tiene es más poderoso que la satisfacción de obtenerlo. Fue esto lo que llevó a Teresa a cuestionarse el modo de vida occidental y plantearse si acaso no sería mejor echar el freno, llevar una vida más simple.

Publicó un anuncio en el Big Issue, un periódico vendido por personas sin hogar en el Reino Unido. Buscaba gente que respondiera afirmativamente a dos preguntas: ¿Vive una vida de consumo material modesto? ¿Está contento con su estilo de vida?

Del total de 94 personas que completaron el cuestionario, 65 eran mujeres y 29 hombres, de entre 18-83 años, la mayor proporción de 30 años. 50 dijeron que llevaban una vida modesta debido a una combinación de elección y limitaciones financieras, 42 de ellos lo eran simplemente por elección. Sólo uno de los participantes se vio obligado desde el principio por limitaciones financieras exclusivamente.

La mitad de los encuestados trabajaba o se había jubilado de una actividad profesional; los otros eran trabajadores manuales, estudiantes, personal de secretaría y caridad.

En el estudio se abarcaron personas solteras que viven solas, personas con compañeros de vivienda, 17 padres con hijos de hasta 18 años, 6 con menores de 5 años y 11 con hijos en edad escolar.

En la Fase II del estudio se entrevistó a 37 personas para explorar percepciones, sentimientos, historias y prácticas cotidianas.

¿Cómo son las personas que eligen llevar una vida simple?


Son personas que acuden a menudo a talleres de reparación, reciclaje, compran muebles y artículos para el hogar de segunda mano o prefieren tener más tiempo libre para compartir con los amigos y la familia en lugar de obtener más dinero.

Por lo general cocinan repostería casera y algunos hacen su propia ropa. La mayoría de ellos evitan determinadas grandes superficies y prefieren consumir en tiendas locales.

Algunos incluso son felices sin utilizar objetos que a la mayoría de personas les son indispensables como la televisión, la lavadora o el teléfono móvil.

La mayoría cubre sus necesidades de transporte haciendo uso de la bicicleta, caminando o con el transporte público. Muchos han limitado todo lo posible los vuelos para reducir el impacto medioambiental.

Es común que todos ellos pasen sus vacaciones en las Islas Británicas, y muchos en camping, caravanas o albergues juveniles.

No tan parecidos


Sin embargo no son ni mucho menos un grupo homogéneo. Por un lado algunos consideran que no es necesario hacer uso de electricidad y agua corriente, mientras que otros abogan por ello e incluso pasan una semana de vacaciones en Nueva York; unos cultivan frutas y hortalizas propias y otros prefieren adquirirlas en tiendas locales, grandes hipermercados o a pequeños agricultores.

Hubo entre los entrevistados por Teresa Belton personas de todos los estratos sociales; si bien el hecho de entrevistar a ciudadanos ricos no fue un inconveniente para ella, “una fortuna que se gaste en la compra de antigüedades, obras de arte, plantación de árboles o donaciones de caridad hará un daño insignificante o nulo e incluso puede ser positivo, mientras que una fracción de esa suma gastada en la compra de ropa, zapatos, DVDs, decoración del hogar, vuelos baratos o cosas similares tendrá un impacto más dañino” sostiene en el libro.

¿Por qué decidieron llevar una vida simple?


El interés de todas las personas entrevistadas despertó por varios motivos. Algunos hicieron una elección de vida personal, otros experimentaron un impacto positivo al conocer personas coherentes y felices, mientras que algunos accedieron a lecturas que les hicieron plantearse su vida cotidiana.

Precisamente una de las entrevistadas, Emma, nacida en 1961, madre soltera con cuatro hijos - dos gemelos y dos chicas de 18 y 25 años - se confiesa lectora compulsiva: “Pude leer muchos libros gracias a que eran accesibles en la biblioteca pública” confiesa. “Cuando era niña, tuvimos el tipo de casa donde las puertas siempre están abiertas. Ninguno de mis padres tuvo educación formal, pero eran muy respetuosos con todo el mundo. Siempre leían. Mi padre fue militar y mi madre música”.

Quizá el crecer en un entorno tan solidario le hizo a Emma ser consciente de la necesidad de estar comprometida con la educación y la justicia social. Para ella lo importante es hacer lo moralmente correcto según la propia conciencia. “Mis padres tenían una influencia notable de las tradiciones católicas de responsabilidad social y del socialismo. En casa hablábamos de cosas como los mercados globales, el daño al medio ambiente o el excesivo uso de productos químicos mucho antes de que fueran temas de moda en los medios de comunicación” añade.

Preguntada sobre si hay algo que lamente de su infancia, recuerda el no haber viajado a Venecia y no poder comprarse libros caros. Pese a todo, su satisfacción en la vida es de 8 sobre 10. Su única aspiración para mejorar es poder escribir. “Lo que te hace feliz en la vida no son necesariamente cosas que se puedan comprar con dinero. He tenido la oportunidad de ir a la universidad, de comprar una casa, no tengo dinero y eso a veces resulta molesto, pero centrarme en ello sería superficial” concluye.

Para otro de los entrevistados, Chris, de 57 años, las razones por las que decidió llevar una vida simple fueron “pasar más tiempo con los amigos, tener más tiempo libre y pasar más tiempo con los niños”. La transición se le hizo fácil porque “nunca fui un gran consumidor, lo más radical que hice fue dejar de pagar un fondo de pensiones”.

Para Chris, el ser humano da demasiada importancia a lo intrascendente, y eso desequilibra nuestra naturaleza. “Me gusta pasear en bicicleta en espacios verdes con los amigos, estar al aire libre en un entorno natural. Puedo pasear por un bosque donde hay árboles que tienen centenares de años y sentir la importancia de eso que es más grande que nosotros mismos”.

Entre los entrevistados también hay personas jubiladas, como Mary, residente en Londres. Sus aficiones son la jardinería, nadar, caminar, leer, pintar y jugar con sus nietos. Trabaja como voluntaria en una escuela primaria una mañana a la semana. En su tiempo libre ayudó a crear una exposición artística local. Mary dice que su calidad de vida actual es de 9 sobre 10, mejor que antes, cuando trabajó de ayudante de biblioteca, trabajadora social en psiquiatría, profesora, camarera, administradora de caridad y secretaria. En la actualidad obtiene algunos ingresos dando clases de inglés a estudiantes franceses a los que también ofrece alojamiento tres semanas durante el verano.

No es que Mary recibiera una iluminación milagrosa de un día para otro y decidiera por ello llevar una vida más simple. “Siempre fui consciente de cómo se producen algunos objetos de consumo como la joyería. No me gusta la forma en que funcionan las minas, el proceso; no me gusta la forma en que explotan a las personas para conseguir oro y plata, no me gusta el peligro que corren, no quiero ser parte de eso” explica.

A lo largo de su vida Mary llegó a vivir tan bien que “no sabía ni qué hacer con el dinero que tenía. Una de las cosas que pude hacer es comprar una casa en Francia, ya que mucha gente de por aquí hace eso, pero lo último que quiero es un lugar de esos de ir y venir a menudo, ya sabes, porque los vecinos se quejan del estado del jardín, se preocupan por la seguridad y esas cosas. Tengo un buen lugar aquí, y si voy a Francia me pagaré un hotel un par de noches o me alojaré en casa de un amigo. Así que en realidad nunca gasté mucho aunque tuve oportunidad” añade.

Estas fueron algunas de las entrevistas que Belton realizó durante la elaboración del libro. En los siguientes artículos profundizaremos en los motivos de quienes tomaron la decisión de vivir consumiendo menos.

>>>>> Segunda parte >>>>>

6 comentarios:

  1. Excelente entrada sobre el bienvivir y autonomía personal y colectiva.

    Gracias!!!

    Un fuerte saludo.

    Juan Bernardo montejb

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  2. Resulta inspirador leer cosas asi. A veces nos tenemos que recordar que menos es más.

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    1. Así es. No sabemos apreciar cuanto tenemos y deseamos más.

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  3. Interesante lectura. Hay que agregar que el consumismo que todos los dias nos meten por la TV a veces nos lleva a tener una vida estresada.

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  4. Estoy del todo de acuerdo con el ideario que plantea este artículo. Creo que esta opción se desarrolla sola; es decir, que alguien coherente con lo que va descubriendo en la vida -proceda del medio que proceda- va a llegar a esta inteligencia. A lo decente y sosegado de practicar una vida sin excesos.

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  5. Esta bien hasta cierto punto. No se puede prescindir de ciertas "comodidades" salvo que quieres "retroceder" Y esto (retroceder) no es siempre algo bueno. Obviamente los excesos tampoco son buenos.

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