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domingo, 16 de noviembre de 2014

La Mano Visible que Mece el Mercado


Todos hemos oído alguna vez la metáfora de la mano invisible con que Adam Smith se refería al mágico funcionamiento del mercado. Ese sistema en el cual gracias al egoísmo de cada uno de los participantes en busca de su propio provecho y, de manera descentralizada, sin la necesidad de una autoridad, nos proporciona una asignación óptima de recursos y premia a los intervinientes en función de su esfuerzo y destreza, el epítome de la meritocracia.

Es una de las metáforas más potentes que jamas han existido, pues a pesar de su manifiesta falsedad se reconoce como un axioma incuestionable en la mayoría de debates de política económica. La palabra mercado utilizada junto con libre o libertad tienen efectos taumatúrgicos, su sola mención desactiva cualquier posibilidad de discusión. Sería tanto como intentar rebatir la fuerza de la gravedad.

El problema es que los hechos cotidianos nos confirman cada día la existencia de la fuerza de la gravedad y, nos desmienten con tozudez la existencia de esa mano invisible. Algunos los llaman fallos de mercado, imperfecciones, externalidades, interferencias, todo destinado a salvar esa metáfora acusando a la realidad de no ajustarse a tan bella teoría.

Sin embargo, si que hay múltiples evidencias de la mano visible del poder que se ejerce de forma exactamente inversa a la mano invisible del mercado que mece suavemente la cuna asignando precios de forma eficiente. Esa mano es en realidad un pie que da una patada en el culo de los clientes a costa de los verdaderos amos del cotarro. Además si algo falla, al final el rescate lo pagan los contribuyentes. Lo más sorprendente es la cara de sorpresa de algunos, como si fuera una anomalía del sistema y, no su misma esencia.

Lo anterior viene a cuento de la noticia sobre la multa que sanciona a seis de los bancos más importantes del mundo, Citigroup, JP Morgan Chase, USB, HSBC, RBS y Bank of America por manipular los tipos de cambio de divisas durante casi seis años. Las multas son, como ocurre en estos casos, irrisorias en comparación con los beneficios obtenidos, además de no comportar consecuencias individuales de tipo penal o administrativo para los perpetradores y sus colaboradores. La única consecuencia individual, por el momento, es el cese del supervisor del mercado de divisas del Banco de Inglaterra, e intuyo que se tratará de un mero cambio de destino.

En la noticia hay un párrafo que es para o bien morirse de la risa o bien hacer como el personaje de Michael Douglas en la película “Un día de furia”:

Aitan Goelman, director de la CFTC, destacó la importancia de que las empresas y personas que hacen una transacción de divisas confíen en las referencias que se fijan. “El mercado solo funciona si la gente confía en que el proceso para fijarlas es justo y no está corrompido por la manipulación”, señala el supervisor de EE UU. El regulador británico insiste en este punto en que el fallo de los bancos fue “evidente” a la hora de evitar los conflictos de interés.


Me cuestiono si se creen realmente lo que dicen o nos regalan los oídos para que no decaiga nuestra fe en la fábula del mercado. Continuamente escuchamos variantes de: “sabemos lo que falla y como arreglarlo”. El quid de la cuestión es que si esto fuera la décima vez que sucede, pues tendría un pase, pero como es la “tropocientas” y una vez que sucede que se sepa y, por la teoría del iceberg, sólo se conoce el 10% del total, pues alguien está haciendo muy mal su trabajo o, lo hace muy bien pero su trabajo no es el de defender a los ciudadanos sino unos intereses muy específicos.

No es de extrañar que toda está ideología liberal pida autoregulación, aunque luego se indignen ante la perversidad de la gente, como si se tratara de un fenómeno individual que se puede separar del sistema en el que ocurre.

En todo caso, siempre habrá quien afirme que lo sucedido es culpa del exceso de regulación, que esas regulaciones no dejan que el mercado “fluya” para realizar su magia. Sin embargo, la conexión mediante chat de los operadores para manipular el mercado parece que se daba en un ambiente bastante poco regulado. En todo caso, los reguladores no parecían hacer su trabajo o, al menos, el trabajo que se les supone, sabiendo que siempre parten en desventaja de medios frente a los que tienen que ser regulados.

Sí, es cierto que Adam Smith avisó de los problemas de los los conciliábulos contra los consumidores. Pero, la pregunta es, o bien estamos ante un sistema robusto que funciona eficientemente, o bien se trata de algo tan delicado que sólo respirar sobre él altera su composición transmutando sus virtudes en una máquina diabólica que se dedica a transferir (robar) dinero de unos en favor de otros, siempre en la misma dirección, de lo menos a lo más. Porque yo estoy totalmente a favor del libre mercado siempre que encontremos el universo con las leyes de la física necesarias, el planeta y los seres inteligentes que cumplan con las condiciones que requiere lo que aquí no es más que una fábula.

3 comentarios:

  1. Hola! Me ha encantado el texto, sobre todo la exposición de los cuatro primeros párrafos, es un brillante microensayo! Participo en un intenso debate con gente de cuadratura neoliberal en el que se compartió, y he mandado un comentario que creo que os resultará simpático:

    muy bueno :) los cuatro primeros párrafos son un texto autónomo hermoso, simpático y revelador, y a pesar de su tono más bien literario, contiene una precisión lógica absolutamente espectacular y de constatables efectos congelantes [(esto lo decía porque contrario a lo que suele pasar con otros cuestionamientos de la ortodoxia "científico-liberal", el foro se quedó mudo ;)] - al leerlo me ha venido a la cabeza la ardilla de Ice Age:
    [http://ow.ly/XY7EY]
    ... pero no tanto así, como en esta brevísima secuencia de dos de los más memorables de sus innumerables momentos estelares [http://ow.ly/XY7HE] (si no hábeis visto la saga, merece mucho la pena: os congelaréis de la risa :D)
    ...
    Creo que no podía irle más al pelo! :D
    Mis respetos y saludos,
    Enrique

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  2. La mano invisible existe y funciona cuando hay suficientes competidores, de tamaño parecido y no hay asimetría de información. Lo que tienen que hacer los gobiernos es fomentar eso, que haya suficientes competidores de similar tamaño y que no haya asimetría de información. Porque sino, ¿Cual es la alternativa? ¿Que para evitar que unos concierten precios y condiciones regular para que los precios y condiciones los concierten otros? Lo que hay que hacer es luchar contra los oligopolios,las concesiones administrativas y el capitalismo de amiguetes que impera. Y por supuesto, las sanciones por incumplimiento siempre tienen que ser superiores al beneficio obtenido.

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    1. Hola argmac,

      has llegado a la misma conclusión a la que se llegó en Mont Pellerin, y a la que antes ya habían llegado los ordoliberales alemanes: "los gobiernos deben crear el mercado". El liberalismo tradicional creía que el homo oeconomicus era un estado natural del ser humano (al menos del sexo masculino, si el femenino se convierte en ello, nos extinguimos ;P ), esa tontería se les pasó después de las dos grandes guerras. Pocos captan adeptos captan esta diferencia sutil entre liberalismo y neoliberalismo, tú eres uno de ellos. Enhorabuena. Seguramente te guste este otro artículo

      Revolucionarios ¿Cómo cambiar el mundo?

      El problema que se discute, que es uno de nuestros problemas sociales y sistémicos, no se puede resolver como tú dices ¿Quién vigila al vigilante? ¿Cómo se consigue que los encargados de crear mercados perfectos, que no existen de forma natural, no sean corrompidos en el proceso? Es una ardilla dando vueltas en una rueda. La única solución sería una democracia popular, con un poder distribuido y unos ciudadanos empoderados, pero eso siempre ha dado alergia a los liberales

      saludos argmac

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