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lunes, 28 de abril de 2014

Dolor y esperanza en Atenas


Publicaba hace unos días El País Semanal un amplio reportaje titulado Atenas: Entre la crisis y los dioses, en el que un periodista y un fotógrafo se sumergen en el día a día de la metrópolis helena, para tomar el pulso a la ciudad, cuatro años después del comienzo de la crisis de deuda griega.

Es un reportaje duro, de esos que golpean la conciencia, que te sacuden por dentro, ante la magnitud y el drama de una crisis que ha colocado a un tercio de la población del país al borde de la pobreza y la exclusión social. Y sin embargo hay esperanza.

Hay esperanza a pesar del economicismo utilitarista, que asoma en el reportaje de la mano de la empresa china Cosco, que ha conseguido revitalizar el puerto de El Pireo, mediante una gestión más eficiente. Esto no es malo, pero arroja una sombra de duda sobre los griegos, sobre su indolencia, su capacidad ¿Acaso la crisis es consecuencia de la torpeza de los griegos? Si así lo fuese deberíamos preguntarnos ¿No hay espacio para un desarrollo a escala humana? ¿No podemos elegir trabajar un poco menos y tener un poco menos? En nuestra sociedad, como en la canción de ABBA, el ganador se queda con todo. Como en el juego de las sillas musicales, cuando para la música, alguien queda excluido.

Y cabría preguntarse si no es esta mentalidad economicista la causa profunda de la crisis, al haber creado la incertidumbre de quedarte sin tu silla, y la compulsión por el acaparamiento, en un planeta de recursos finitos. Así lo percibe el colectivo de artistas, escritores, fotógrafos y arquitectos ateniense que con el nombre de The Depression Era Project cierran el reportaje afirmando que:

“la entropía, el desastre, la incertidumbre y la insolvencia son también estados mentales que nos conducen a una era en la que la noción de progreso, la idea de crecimiento y el reflejo de mirar hacia el futuro ya no son las formas dominantes ni de percibir ni de crear en el mundo”.

Hay esperanza a pesar del fascismo, que renace como siempre que los valores tradicionales son barridos por el culto al dinero, y mostrarse ese nuevo Dios esquivo. Parece una constante en la historia de la humanidad, que cuando no existen límites democráticos al economicismo utilitarista, cuando prevalece el dinero sobre la democracia, los límites se intentan imponer de forma tiránica.

Hay esperanza porque los griegos están creando un sustrato económico alternativo, potenciando una economía de proximidad, consumiendo productos locales, que salen del huerto del vecino, y que ni siquiera tienen las formas aceptadas en los mercados convencionales. Hay esperanza porque a pesar de todo se puede vivir con menos, y la alegría, los bailes y el buenvivir se mantienen frente, y en contra de, la lógica economicista.

Hay esperanza porque hay capacidad de adaptación, de rehacer redes solidarias, que habían sido barridas por el mercado. Hay capacidad de producir y consumir localmente, de comenzar a establecer una economía basada en principios distintos, como el bien común, o la autogestión de servicios que son abandonados por el estado, ante la falta de fondos.

Es muy significativo, que siempre que el periodista pregunta por Alexis Tsipras, líder de la formación que nos venden como de “extrema” izquierda, Syriza, la respuesta es positiva, pero prudente. Porque la solución debe surgir de los ciudadanos, que deben interiorizarla en su día a día. Porque de nada vale un gobierno que apoye lo insostenible, pero puede ser útil un gobierno que apoye lo sostenible.

Un gobierno que apoye la economía solidaria y alternativa, de proximidad, con énfasis en el bien común y en la autogestión. Un gobierno que promueva impuestos que no penalicen el trabajo, sino el consumo de recursos naturales escasos, y que apoye la producción local y solidaria con monedas locales aceptables por impuestos. En definitiva, un gobierno que sepa separar y poner límites a la racionalidad economicista, y dar voz a sus ciudadanos. El retorno de la democracia a su cuna, una democracia deliberativa.

Hay esperanza, y la esperanza puede convertirse en un camino nuevo a seguir, en un ejemplo para la humanidad, si los griegos logran coordinar esos espacios de economía alternativa, de democracia directa, de bienvivir, construyendo una nueva estructura organizativa que, andando el tiempo pueda dar lugar a una sociedad autónoma, con igualdad, equidad y sostenibilidad, en una palabra a una sociedad alternativa.

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