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martes, 22 de mayo de 2018

La muerte del océano


Sin apenas repercusión mediática, ya que la ciudadanía sólo oye hablar del cambio climático, los océanos se encuentran sometidos a impactos múltiples como consecuencia de la actividad humana: sobrepesca, anoxia provocada por vertidos de nitrógeno y fósforo, acidificación por absorción de CO2 de la atmósfera, calentamiento, y por último, pero no menos importante, son anegados con desechos de plástico que no son biodegradables y se van rompiendo y reduciendo su tamaño poco a poco, con el riesgo de entrar en la cadena trófica. El efecto combinado de todos estos impactos es de consecuencias imprevisibles, al menos en cuanto a su dimensión temporal, porque la historia del planeta si nos da algunas pistas de lo que puede ocurrir. Y no será agradable.


Imagen: eldiario.es


Los océanos, o quizás sería más preciso decir, los ecosistemas marinos, nos proporcionan una serie de servicios medioambientales que exceden, con mucho, la importancia de la pesca, y no sólo porque hayamos alcanzado el cenit de las capturas pesqueras y ya no sea posible aumentar la tasa anual de biomasa que extraemos de ellos
Imagen: Segunda advertencia de los científicos a la humanidad



los ecosistemas de “carbono azul” (almacenan carbono cuarenta veces más rápido que sus equivalentes sobre tierra firme), y el oxígeno, que comienza a declinar, lo producen principalmente las algas marinas que realizan la fotosíntesis, aunque también contribuyan, en mucha menor medida, las plantas terrestres.

Estos servicios, y otros muchos más, se encuentran amenazados por la actividad humana. El número de zonas muertas en los océanos asciende ya a 600, habiendo aumentado más de un 50% en los últimos 25 años.

Imagen: Segunda advertencia de los científicos a la huamnidad


Algunas de ellas tienen ya el tamaño de Escocia. Hemos alterado de forma insostenible los ciclos de fósforo y nitrógeno del planeta. Los vegetales toman el carbono del aire, pero para crecer necesitan fósforo y nitrógeno. Nosotros, para producir alimentos, tomamos el nitrógeno del aire, fijándolo gracias los combustibles fósiles, y el fósforo de yacimientos minerales. En la naturaleza, los animales toman energía de los vegetales, y ayudan a que estos crezcan dejando el fósforo y el nitrógeno que ellos necesitan en sus excrementos. Este ciclo cerrado natural está roto, gracias a la “revolución verde” que alimenta a la humanidad, enviamos el fósforo y el nitrógeno a los océanos, creando las condiciones de déficit de oxígeno que provocan las zonas muertas.

La mitad de las emisiones de CO2 se “sumergen” en los océanos, y no se quedan en la atmósfera, y aunque no sabemos hasta cuando se va a mantener esto, esta “buena noticia” tiene su contrapartida negativa, el océano se acidifica, se estima que su pH ha caído una décima desde el comienzo de la revolución industrial. Un cambio ligero, pero que puede tener consecuencias, especialmente para los organismos calcáreos, ya que el carbonato de calcio es el componente principal de la mayoría de conchas y esqueletos, como moluscos y corales. A medida que el pH disminuye, estos orgnismos lo tendrán cada vez peor, y dada su abundancia y su importancia para los ecosistemas, esto puede tener consecuencias dramáticas.

Desgraciadamente, todavía hay más. En la actualidad hay en el océano una tonelada de plástico por cada tres toneladas de peces. De seguir esta tendencia en 30 años habrá más plástico que vida en los océanos. Su impacto en los ecosistemas es seguramente muy profundo:

Según la organización por la conservación marina, cada año mueren más de un millón de aves marinas y unos 100.000 mamíferos marinos como resultado de los escombros plásticos en los océanos del mundo.

Lo cierto es que la necropsia de un ave marina reveló que había ingerido 276 trozos de plástico. En el Pacífico norte se ha formado una isla de basura de plástico cuya extensión se estima entre 700.000 km2 (algo más de la extensión de España y Portugal) y 15.000.000 de km2 (un 50% más que la superficie de toda Europa). Un reciente estudio le otorga el tamaño de España, Francia y Alemania combinadas. Islas similares se han formado en el Pacífico sur, el Atlántico norte y sur y el océano Índico. La llamada isla está compuesta de micro fragmentos difíciles de limpiar.


Pero si bien estamos acostumbrados a presenciar aterradoras imágenes de aves y otros mamíferos ingiriendo grandes cantidades de plástico, problema ambiental que cobra importancia en los 70 y que en las últimas dos décadas ha tenido considerable repercusión mediática, hay un problema añadido que ha recibido atención de la comunidad científica en la última década y especialmente en los últimos 2-3 años, el de los microplásticos, pequeñas partículas con dimensiones de entre unos pocos micrómetros – que serían algo así como 80-90 veces más pequeños que el diámetro de un cabello - hasta unos 500.


Las fuentes principales de microplásticos son (¡oh sorpresa!) las pérdidas por abrasión de los coches al conducir (resulta que a lo mejor habrá que cuestionar también al coche eléctrico) y de los textiles sintéticos al lavar, aunque también contribuyen las pinturas de buques y barcos o de recubiertas de carretera, las partículas de polvo, los productos de uso personal y los pellets de plástico durante su manufactura, transporte y reciclado (más información aquí). Cuando llueve o el viento hace su trabajo estas partículas acaban en ríos que tienden a acabar en el océano. Existe el agravante de que atraen a los hidrófobos contaminantes orgánicos persistentes (POPs en inglés) con una fuerza varias órdenes de magnitud superior al del agua marina, favoreciendo otro bucle de retroalimentación negativo. Un punto fundamental en todo esto es que el impacto que tienen en los ecosistemas entendidos como algo interdependiente y ordenado no se ha estudiado prácticamente nada y por tanto estamos ante un problema ante el que los “expertos” no nos pueden tan siquiera dar un diagnóstico de la situación, por lo que urge una ciencia que incluya a la gente, una ciencia postnormal donde “los factores son inciertos, hay valores en disputa, los riesgos son altos y las decisiones urgentes

¿Cuan grande es un micrón?

Por último, el calentamiento global antropogénico está obligando a las especies a despalzarse de sus hábitats, algo que no sabemos si serán capaces de hacer, ya que si bien la temperatura es fundamental para animales que no regulan la temperatura, el hábitat al que están adaptados no depende exclusivamente de esta.

El problema es que nadie nos está hablando de las consecuencias de estos efectos combinados. Sabemos que hemos superado el umbral de lo que es sostenible a nivel global en cuanto a los ciclos de fósforo y nitrógeno, pero no el efecto combinado de ello con la acidificación, el plástico el calentamiento y la sobrepesca. El sentido común dicta que todos estos impactos combinados podrían tener un efecto demoledor sobre los ecosistemas marinos. Algunos científicos estiman que la acidificación y la anoxia marina pueden retroalimentarse, formando un coctel letal para la vida en el planeta. Para muestra esta interpretación de la extinción masiva del Pérmico, que se puede leer en el apartado VIII de este artículo:

Esto no es todo lo que la acidificación del océano puede hacer. La absorción de carbono puede iniciar un bucle de retroalimentación en el cual las aguas hipoxigenadas favorecen diferentes tipos de microbios que vuelven las aguas todavía más “anóxicas”, primero en las “zonas muertas” profundas, para luego gradualmente subir hacia la superficie. Ahí, los peces pequeños mueren, incapaces de respirar, lo que hace a las bacterias consumidoras de oxígeno prosperar, y el bucle de retroalimentación se duplica. Este proceso, en el cual las zonas muertas crecen como cánceres, ahogando la vida marina y aniquilando las pesquerías, está ya bastante avanzado en partes del Golfo de México y de Namibia, donde gas sulfídrico está saliendo del mar a lo largo de una franja de tierra de mil millas conocida como “la Costa de los Esqueletos”. El nombre originalmente se refiere a los restos de la industria ballenera, pero hoy es más apropiado que nunca. El gas sulfídrico es tan tóxico que la evolución nos ha entrenado para reconocer las más pequeñas, más seguras trazas de él, que es por lo que nuestras narices están tan exquisitamente adiestradas para registrar la flatulencia. El sulfuro de hidrógeno es también lo que finalmente hizo que el 97% de la vida en la Tierra muriera, una vez que todos los bucles de retroalimentación han sido activados y las corrientes de chorro de un océano calentado se detienen – es el gas preferido del planeta para un holocausto natural. Gradualmente, las zonas muertas oceánicas proliferan, matanto a las especies marinas que habían dominado los océanos durante cientos de millones de años, y el gas que las aguas inertes envían a la atmósfera envenena todo en la tierra. Plantas incluidas. Llevó millones de años antes de que los océanos se recuperasen.

Una explicación más detallada de esta teoría sobre la extinción del Pérmico puede leerse en este artículo del investigador de la Universidad de Pennsilvania Lee. R. Kump.

Dejando teorías a un lado, intervenir de forma drástica, de múltiples maneras (calentamiento, plástico, carbono, nitrógeno, fósforo) en un sistema complejo, como son los océanos, es toda una temeridad. Ese gas surgiendo de las costas de Namibia, en esta imagen de la NASA, nos lo recuerda.



Agradecimientos: Gracias a mi compañero Rugi Carles por su comentario sobre los microplásticos

martes, 15 de mayo de 2018

Ideas, redes, sinergias… en NESI Clima para transformar nuestras ciudades, nuestra sociedad ante los desafíos ambientales presentes

“Lo único que nos va a salvar de verdad es una revolución social hecha por las personas; la gran opción es ser colaboradores.”
 Diego Isabel La Moneda, director Foro NESI

“Creamos redes, hablamos en términos de cooperación y no de competición. Hacemos visible que dentro de la economía social hay proyectos viables que demuestran otra forma de hacer las cosas.”
Erika Martínez, Departamento de comunicación de la Cooperativa Goiner y portavoz de EQUO-Berdeak

“Seguimos midiendo con los indicadores del pasado. Las nuevas economías necesitan nuevos indicadores.”
Kristina Apiñaniz, directora general de ACLIMA- Basque Environment Cluster

“En la naturaleza no hay árboles de 10 km, los ecosistemas son diversos, el crecimiento per se no tiene sentido. [..] Tenemos que entender que lo que tiene que crecer son las ideas.
Albert Cañigueral, conector Ouishare para España y América Latina

“Necesitamos cambiar el concepto de lo público -lo que hace la administración- frente al concepto de lo colectivo, aquello en lo que debemos interactuar e implicarnos todas.”
Reyes Montiel, directora de gabinete del Área de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento y cofundadora de EQUO

La economía circular NO es la gestión de residuos sino la búsqueda mucho más ambiciosa de mecanismos socio-económicos que regeneren los ecosistemas naturales y promuevan el bienestar, salud y felicidad de todo ser vivo.”
Nicola Cerantola, fundador de Ecologing

 “Hay que construir una cultura de lo común y aprender a organizarnos; pasar de la protesta a la propuesta.”
Iñaki Alonso, arquitecto y vicepresidente de la cooperativa Teatro del Barrio

“La política clásica de arriba hacia abajo ya no funciona, ahora hay una relación más horizontal.”
Dirk Holemans, concejal verde en Gante (Bélgica) y director del think-tank Oikos

“El cambio de modelo es posible. Como dato, las cooperativas que existen en el mundo dan el doble de empleos que el que aportan las transnacionales. […]  Las multinacionales no son el modelo de empresa de futuro para esa sociedad que necesita de caminos de transición hacia nuevas economías.”
Carlos Askunze, coordinador de REAS Euskadi-Red de Economía Alternativa y Solidaria

“Hay cuestiones que no se pueden medir con indicadores cuantitativos. Son necesarias herramientas e indicadores cualitativos: valores emocionales”
Javier Goikoetxea, socio fundador de BIKOnsulting y conector en NESI Euskadi

                 Kenneth Boulding: La locura del economista de Hackobo. Licencia Creative Commons BY-NC-ND

Durante los pasados días 8 y 9 de mayo se celebró en Vitoria el encuentro NESI Clima intentando encontrar respuestas, principalmente entre otras, a estas tres preguntas:

  • ¿Cómo pueden las nuevas economías contribuir a la mitigación y adaptación al cambio climático en las ciudades?
  • ¿Qué propuestas y buenas prácticas concretas ofrecen?
  • ¿Cómo aplicarlas en sectores clave como energía, industria, movilidad, urbanismo, construcción, turismo, consumo o las finanzas? 

En este evento público se dieron cita más de un centenar de personas para difundir e intercambiar ideas, extender redes y crear sinergias de manera colaborativa.


EMOCIONES PARA EMPEZAR A MOVERNOS


Qué mejor lugar que Vitoria para mostrar esta transformación y evolución, sobre todo en las dimensiones simbólica y de comportamiento, como bien nos mostraba entusiastamente Nerea Melgosa, concejala de empleo y desarrollo económico sostenible de Vitoria:

“Somos Capital Verde Europea, somos desde hace décadas un referente entre las ciudades que hacen del medio ambiente una pieza fundamental en la calidad de vida de la ciudadanía. Hemos llevado a cabo toda una revolución en nuestro modo de movernos, apostando por el transporte público y la bicicleta. Venimos llevando a cabo políticas de cohesión que son la base de la sostenibilidad social, donde las personas se vuelven el eje fundamental de la acción local. Estamos siendo pioneros en innovación social y también en proyectos de co-participación y co-creación. Todo ello justifica especialmente que hoy seamos escenario más adecuado para esta jornada.”

miércoles, 9 de mayo de 2018

Hegemonía y autonomía

¿Gramsci o Castoriadis?


El concepto de “populismo” que nos llega a través de los medios de comunicación, diseminado a los cuatro vientos y aceptado sin crítica por la mayoría, es otro éxito neoliberal a la hora de crear marcos cognitivos que sustenten su discurso, y por tanto, su hegemonía.

El término, se acuña por primera vez en 1984 en la pluma del politólogo Pierre-André Taguieff: lo define como una solución autoritaria basada en el carisma de un jefe y caracterizada por la llamada al pueblo contra las élites oligárquicas. Esto nos puede dar pistas sobre como ha evolucionado el término y como esta hegemonía neoliberal lo ha usado contra cualquier propuesta que pueda cuestionar al establishment.

Fue George Lakoff, lingüista y científico cognitivo quién nos advirtiera en su célebre libro No pienses en un elefante de la importancia de los marcos en la comunicación. Enmarcar es crear una estructura narrativa que activa estructuras mentales inconscientes que condicionan nuestro comportamiento y nuestras decisiones. No pensar en un elefante, era un mensaje para los demócratas, que debían dejar de aceptar los marcos propuestos por los republicanos. Un ejemplo, tomado del propio libro, ilustrará la cuestión:

Hay un fenómeno que probablemente hayas observado. En televisión los conservadores utilizan solamente dos palabras: alivio fiscal, mientras que los progresistas se enfrascan en una larga parrafada para plantear su punto de vista. Los conservadores pueden apelar a un marco establecido: por ejemplo, que los impuestos son una desgracia o una carga, lo cual les permite decir esa frase de dos palabras: alivio fiscal. Pero en el otro lado no hay ningún marco establecido. Se puede hablar de ello, pero supone un cierto esfuerzo porque no hay ningún marco establecido, ninguna idea fijada ya ahí a mano.

El término populismo apela al núcleo sagrado del marco de la modernidad: la técnica, el conocimiento, el saber, la ciencia. Todo aquello que nos han enseñado a respetar como algo sagrado. Populista es el que no sabe, no domina la técnica, y por tanto no es capaz de hacer funcionar las cosas, tomar las decisiones correctas para que la máquina ruede suavemente, sin fricciones. 

En su origen, el pensamiento ilustrado de filósofos como por ejemplo Voltaire no se caracterizó por su respeto por el pueblo. La "razón" propiciaría la emancipación del ser humano, pero del ser humano concreto capaz de elevarse sobre la vulgaridad e irracionalidad del vulgo. El pueblo debía ser pastoreado, por su bien (despotismo ilustrado).

Los Kirchner en Argentina eran populistas, querían cosas imposibles, al menos según su retórica, como hacer que una parte mayor de la tarta se repartiese entre los de abajo, o hacer que el sistema funcione sin respetar las reglas de la globalización, aligual que Donald Trump. Tras su fracaso tuvieron que llegar personas razonables al poder, con el adecuado saber técnico, para hacer funcionar las cosas. Evidentemente estoy siendo irónico. Cualquiera que se salga del consenso neoliberal es populista y está condenado al fracaso, según la narrativa neoliberal hegemónica.

martes, 1 de mayo de 2018

Sin tiempo, por favor, somos científicos sociales.


Como ya explicamos hace un tiempo en “Sin filosofía, por favor,somos científicos sociales” (se llega pinchando en el título), las matemáticas pueden ser usadas para intimidar al vulgo, pues permiten hacer gala de un conocimiento y dominio de herramientas que pueden parecer en principio complejas. Sin embargo, como vimos, e iremos viendo, el empleo de métodos matemáticos, generalmente usados por la física, en las “ciencias sociales”, no es muy distinto al empleo de las matemáticas que hacen los astrólogos, haciendo de esto un arma de doble filo que permite a quien puede entrar y salir con facilidad de estas formalidades, triturarlo todo.





“Los expertos tienen una comprensión pobre de la incertidumbre. Por lo general, esto se manifiesta en forma de exceso de confianza: los expertos subestiman la probabilidad de que sus predicciones sean erróneas.”

Escribía en 2011 Nate Silver[1]. Años después, el sitio web fundado por él escribía sobre Trump:


“Al igual que su calificación desfavorable, es con mucho el peor de los 106 candidatos presidenciales desde 1980 que están en nuestra base de datos. 
Sólo por esta razón, Trump tiene más posibilidades de participar en otra película de "Solo en casa" con Macaulay Culkin, o jugar en las finales de la NBA, que ganar la nominación republicana.”

Así se pronunciaba[2]FiveThirtyEight”, la famosa web de internet de análisis estadísticos, sobre todo electorales. Posteriormente, como con anterioridad, seguiría pronunciándose sobre las elecciones americanas:

Trump es el candidato más débil del GOP en la era moderna[3], sólo unos meses antes de las elecciones primarias. Peor aún, el propio Nate Silver, fundador del sitio web, llegaría a demostrar posteriormente su mala concepción de la estadística, en una disculpa por sus errores ante las primarias:

“El gran error es curioso para un sitio web que se centra en las estadísticas. A diferencia de prácticamente cualquier otro pronóstico que publicamos en FiveThirtyEight, incluidas las proyecciones primarias y de caucus que acabo de mencionar, nuestras primeras estimaciones de las posibilidades de Trump no se basaron en un modelo estadístico.En cambio, eran "probabilidades subjetivas", es decir, conjeturas educadas. En otras palabras, básicamente actuamos como expertos, pero agregando números a nuestras estimaciones. 
(Creo que deberíamos haber diseñado un modelo, pero dado que no lo hicimos, no creo que haya nada de malo en enmarcar nuestras estimaciones en términos porcentuales. Es fácil hacer declaraciones engorrosas como "Trump es un desfavorecido para ganar la nominación, pero no podemos descartar nada", dejando suficiente ambigüedad en esa oración que puede afirmar que ha sido profética, cualquiera que sea el resultado. Poner las cosas en términos de porcentaje es más responsable, especialmente si desea probar sus pronósticos para la calibración más adelante)”[4].

Posteriormente, en las elecciones presidenciales, no sólo “FiveThirtyEight”, quien daba horas antes un 71% o 72% de probabilidad de victoria a Hillary[5], pensaba en términos probabilísticos, sino la gran mayoría de medios[6].

Sin embargo, pensar en estas categorías es absurdo, no muy distinto a pensar en términos probabilísticos sobre el monstruo del Lago Ness, lo que deja a este tipo de conjeturas como puras palabras vacías cuya única concordancia es si acaso semántica, como iré demostrando.


martes, 24 de abril de 2018

Autonomía y globalización

Todavía oigo a muchas buenas personas y activistas políticos comprometidos con una sociedad más justa  decir que es necesaria “otra globalización”. Al pronunciar este sintagma ya estamos derrotados, porque hemos aceptado el marco del contendiente, de nuestro rival, un tecnócrata, académico o periodista comprometido con el liberalismo de nuevo cuño, ese que dice que el gobierno debe tomar parte activa en la economía creando nuevos mercados a golpe de decreto. Cuando existe un marco cognitivo establecido, según George Lakoff, no es necesario ofrecer muchas explicaciones, determinadas palabras o construcciones lingüísticas ya evocan una serie de ideas que no es necesario explicar ¿qué ideas van asociadas con el marco de la globalización? Que quién se opone a ella es un nacionalista, y como todos los nacionalistas un xenófobo, entre otras cosas. De esta forma, a través de la negación de su supuesto y fantasioso contrario (el nacionalismo) la globalización se reviste de un prestigio humanista insólito, lo cual sería cómico sino tuviese tan dramáticas consecuencias ¿Por qué desde cuándo es humano hacer dinero a toda costa?

¿Dónde quedan los paraísos fiscales? ¿Y la producción industrial con mano de obra explotada y dañando gravemente el entorno natural? ¿Y las largas cadenas de transporte y suministro que conllevan un buen número de emisiones de gases de efecto invernadero? Se puede hablar todo ello, pero será inútil, porque ninguno de esos males se puede atajar dentro de la globalización. Globalizar es integrar una parte en un todo, en este caso las economías nacionales. De forma muy simple, se coge un mercado nacional y se lo  integra en uno global, de capitales (prácticamente logrado), de mercancías (logrado en gran medida, aunque ahora con una tendencia a ligeros retrocesos) y de fuerza de trabajo (pocos avances realizados, salvo a nivel regional). En los mercados domina quien tenga los costes más reducidos. Si para ganar cuota de mercado interesa reducir costes será difícil proteger a las personas de la explotación, a los ecosistemas de su destrucción, e incluso garantizar unos servicios sociales con unas bases fiscales que son erosionadas por la competencia fiscal entre estados, tratando de reducir los costes de las empresas asentadas en su territorio. La integración en un mercado único impide a los estados incluso legislar sobre seguridad alimentaria o de uso de los electrodomésticos, baste recordar la famosa carne de pollo fluorada que tendríamosque comer en Europa si se aprobaba el TTIP.

Los mercados globales sólo pueden ser regulados por entidades supranacionales, esas que suelen estar administradas por tecnócratas, que no rinden cuentas a nadie y que son lo más alejado de la democracia quepodamos imaginar. Parece que nos encontramos entre la espada y la pared, o abrazamos el nacionalismo, o abrazamos un libre mercado mundial desregulado, o nos ponemos en manos de supertecnócratas globales que regulen un mercado único mundial desde sus torres de marfil. Ninguna alternativa es muy atrayente, hablar de “otra globalización” invoca vagamente la opción de los supertecnócratas globales, no parece un producto muy sexy que vender a la ciudadanía.

Tenemos dificultades porque no tenemos ningún marco establecido al que podamos apelar. Es evidente que es posible imaginar muchas otras opciones, pero no podemos remitir a ellas con una simple palabra como “globalización”.

En primer lugar habría que pensar ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué es lo que queremos? Proteger a las personas y al planeta. Para alcanzar esos objetivos nos convienen mercados nacionales débilmente integrados e instituciones globales que promuevan estándares medioambientales globales. Desde la soberanía de un mercado nacional integrado globalmente, pero bajo nuestra regulación política, podemos rechazar o imponer impuestos a los productos que se fabriquen en condiciones que no concuerdan con nuestros valores de protección a las personas o al medioambiente. Desde instituciones globales como las Naciones Unidas podemos aliarnos con países favorables a la protección del medioambiente y presionar al resto para que adopten estándares medioambientales que protejan de forma efectiva los bienes comunes globales como el clima (en último caso podemos no aceptar sus productos en nuestros mercados, o imponerles un arancel, si se han fabricado de forma muy contaminante).

Globalizar es hacer que una característica determinada sea compartida por toda la humanidad. Nuestra globalización es de las mercancías, pero indudablemente afecta a la cultura cuando un local de comida tradicional compite con un MacDonalds. Generalmente las multinacionales gozan de ventaja de en este terreno, por su marketing, financiación, experiencia, etc. En esas condiciones la globalización, a nivel cultural, es una uniformización, una invasión cultural de los países “atrasados” por las tropas del progreso de la cultura occidental (preferentemente anglosajona). La cultura global nos empobrece, en realidad lo que nos interesa que sea global es la tolerancia y el respeto a los derechos humanos. Para ello no necesitamos la competencia del comercio, sino la cooperación: científica, política, cultural, educativa. Todo ello puede favorecerse gracias a las tecnologías digitales, la red global y los viajes baratos (aunque muy contaminantes). Hay que fomentar los intercambios estudiantiles, y un concepto distinto de turismo, que nos permita sumergirnos en un cultura, incluso colaborar con ella de forma solidaria. El Estado también puede tener un papel, cooperando con otros países o favoreciendo las iniciativas de la sociedad civil.

Si pensamos en los elementos que definen lo que debería ser nuestro modelo de convivencia planetaria, la relocalización económica, la defensa de los bienes comunes globales, el multiculturalismo y la cooperación ¿qué nos sale? Recuerda mucho al eslogan de “piensa en global, actúa en local”. El término “comunidad” hace referencia a los lazos sólidos entre las personas, establecidos por el afecto y los valores, y no por la competencia en el comercio. El planeta sería una comunidad de comunidades, una comunidad planetaria. Intercomunitarismo es otro término que viene a la mente, aunque parece poco sexi. Comunitarismo solidario, comunitarismo cooperativo… se aceptan sugerencias. Se premiará con un sincero agradecimiento.




martes, 17 de abril de 2018

La teoría económica como caballo de Troya: Fundadores.



Fueron los economistas clásicos de Inglaterra quienes usarían la teoría económica como caballo de Troya, sus fundamentos, el libre mercado y la competencia, que conduciría a la prosperidad.

"Los principios teológicos de Adam Smith llevan el sello inconfundible del deísmo de la época de la Ilustración. Dios es el Supremo Hacedor del universo y, en su absoluta sabiduría, ha ordenado el mundo como si fuera un mecanismo, que marcha con una regularidad perfecta. La divinidad no sólo es la expresión de la sabiduría absoluta, sino también de la bondad suma y se propuso como fin supremo de la creación la felicidad del hombre".

Escribe Gabriel Franco, en el estudio preliminar de la obra traducida del profesor de moral, A. Smith (Fondo de Cultura Económica. México. 1958).

La economía marginalista, que saldría para enfrentar a Marx, partiría de la economía clásica, en esencia, economía clásica que, prescindiendo de la teoría del valor trabajo, buscará justificar la desigualdad y justificarla.



Partes 1 2 3 4 y 5 de la serie, enlace en el nombre.

La economía como caballo de Troya: "Génesis", "mercantilismo", "interludio para la situación española", "precedente" y "fundamentos".





“Estoy particularmente preocupada por la India y otros países en desarrollo cuyas doctrinas económicas les llegan principalmente de Inglaterra y en inglés. ¿Está lo que les estamos dando ayudando a su desarrollo?...
¿Estamos llevando más mal que bien? En un estado anímico lúgubre, pienso en los daños”.


Expresaba con preocupación Joan Robinsón[1], quien veía que “no existe una rama de la economía en la que haya una brecha más amplia entre la doctrina ortodoxa y los problemas reales que en la teoría del comercio internacional”, cuyo objetivo era “establecer los efectos beneficiosos del libre comercio”, lo cual sin duda “fue aceptado por la opinión ortodoxa en el país, pues tenía más ganancias en mercados abiertos por sus exportaciones[2].

La idea ya concebida por los fisiócratas, de libre mercado[i], como orden político armónico, que buscaba emular “la Ciudad de Dios, es decir, el más perfecto Estado posible bajo el más perfecto de los Monarcas[3], encontrará su expresión radical en las sociedades protestantes agustinianas, calvinistas, en las cuales estas ideas tendrán una gran aceptación, dada su congenialidad con su visión teología.

Con la reforma protestante, el individuo cobrará importancia frente a la comunidad. El fideísmo luterano que conecta al hombre directamente con Dios, tan enemigo de la razón[4], la apologética presuposicionalista calvinista, “sola scriptura”, que lleva a una lectura solitaria y fundamentalista de la Biblia, o la expiación limitada, que hace desaparecer la fraternidad en la salvación, “sola fide”, justificando desigualdad y depredación.


Frente a la Iglesia católica, supranacional, y cuyo alcance pretendía ser universal, estando por ello por encima de las fronteras políticas, “mi reino no es de este mundo[5], con clara separación entre lo político y lo divino[6], “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios[7], emergerá, con la reforma, intentos por establecer una nueva Jerusalén. Sociedades teocráticas[8] que emergerán de iglesias regionales, cuyo alcance quedará reducido a una pequeña comunidad, la cual comparte una interpretación propia de la Biblia, frente a las demás, que llevará a sociedades ideales a la que se buscará emular[9].

Se desarrollará, dada la diversidad de iglesias protestantes, un enfrentamiento, no sólo entre éstas, sino también con el Estado, al tomar éste una decantación, lo cual supondrá una animadversión al mismo, convirtiéndolo en enemigo[10].

lunes, 9 de abril de 2018

Por qué no te conviene comer carne (aunque adelgaces)


Repasamos las evidencias que muestran que el consumo habitual de carne limita la extensión potencial de la vida humana

Si es por tu salud, mejor 365 días sin carne que uno solo

Permítaseme comenzar este artículo con una digresión. La alimentación, entendida esta con cierta amplitud como la producción, transformación, distribución y consumo de alimentos, es a mi juicio un campo de batalla crucial que marcará tendencias clave para el futuro de nuestra sociedad. Aquí confluyen cuestiones esenciales como la salud, que será el objeto principal de este artículo, la sostenibilidad, por el enorme impacto ambiental de la producción de alimentos sobre el planeta, que ha llevado a la humanidad a una zona de riesgo, y por último la posibilidad de un nuevo sistema económico, más inclusivo. Dado que las alternativas (como la permacultura) que se plantean al modelo tecno-industrial hegemónico implican una producción de alimentos distribuida, difícil de concentrar en pocas manos al no existir economías de escala ni patentes, además de una distribución sin intermediarios, de productor a consumidor, no es exagerado hablar de la posibilidad de otro modelo económico.

Pero no hay que olvidar otra cuestión relacionada con la alimentación, de enorme importancia, la ética, evitar el sufrimiento innecesario al resto de organismos con los que convivimos en la biosfera. Hacernos daño a nosotros mismos mientras causamos sufrimiento a otros organismos es redoblar la estupidez de nuestro comportamiento.

La alimentación es también un epítome de cómo funcionan los sistemas sociales jerárquicos, dado que el sistema de producción y procesado de los alimentos, concentrado en pocas manos con un gran poder, ha conseguido modificar de forma sustancial nuestros hábitos de alimentación. Es también un ejemplo de como la tecnología cambia nuestro comportamiento. Así, la posibilidad que nos dio la tecnología de producir y procesar una gran cantidad de alimentos con poca mano de obra ha condicionado que incorporemos de forma masiva ese tipo de alimentos procesados totalmente insanos a nuestra alimentación. Lo explica muy bien el nutricionista Aitor Sánchez en esta entrevista:

Si les dices a las familias que los niños no pueden tomar cereales, te responden: ¿Entonces qué desayunan? O les dices que no pongan embutido en el bocadillo y te contestan: ¿Y entonces qué le pongo? O que no les den papilla cuando el niño tenga 6 u 8 meses, y la respuesta: ¿Pero y entonces qué le doy? Nos han creado un constructo social según el cual HAY QUE desayunar galletas, los bocatas TIENEN QUE ser de embutido y los niños TIENEN QUE tomar papilla. Pero, ¿qué se tomaba antes de que existieran las papillas? ¿Qué tomaba Marie Curie, Aristóteles, Platón...? Comida. Y ya está. No es tan complicado el ser humano. Nos han vendido que los niños necesitan unos requerimientos hiperóptimos, pero no. Los niños, de toda la vida, han comido comida machacada. Una zanahoria o una patata o unos garbanzos machacados. Y ahora parece que tienes que ir a la farmacia a por el Blevit+ de 6 meses.